•Anuncian su adhesión a la campaña electoral de Fabio Gadea Mantilla
Por Gloria Picón
Un grupo de convencionales del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) del departamento de Estelí, anunció hoy su adhesión a la campaña electoral del candidato del PLI, Fabio Gadea Mantilla, luego que recibieran extrañas órdenes para organizar los actos proselitistas del candidato Arnoldo Alemán, en los que tendrían el apoyo de militantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
Según Noel Castro, concejal de la municipalidad de Estelí y secretario de organización del PLC en ese municipio, miembros del PLC les pidieron organizar las actividades de campaña de Alemán, en conjunto con los activistas del FSLN con la intención de que las actividades del exmandatario liberal no luzcan vacías.
Ese fue el motivo por el que Castro y un grupo de convencionales de los seis municipios de Estelí, abandonaran la campaña de Arnoldo Alemán y se sumaran a la del candidato de la Alianza PLI.
El anuncio fue hecho esta mañana en la Casa Nacional de Campaña de la Alianza PLI, situada en Los Robles.
Arnoldo Alemán, quien gobernó el país entre 1997 y 2002, es acusado por la oposición de pactar con el gobernante Daniel Ortega y es señalado como uno de los principales responsables de la vuelta de éste al poder.
Alemán quien enfrentaba diversas causas por corrupción en perjuicio del Estado, fue sobreseído por la justicia que domina a sus anchas el orteguismo y se niega a abandonar la carrera electoral pese a su baja popularidad en los sondeos, impidiendo la unidad del electorado opositor contra la ilegal e inconstitucional candidatura a la reelección de Ortega.
Una Ventana al Mundo para expresar la Unidad Nicaraguense en las Elecciones Municipales de Noviembre del 2012 en Nicaragua en apoyo a a todos los candidatos de la Alianza PLI. DENUNCIAMOS A TODOS LOS PAISES DEL MUNDO EL GOLPE DE ESTADO QUE DANIEL ORTEGA HA HECHO A NICARAGUA EN VIOLENTAR LA CARTA MAGNA DE LA CONSTITUCION. “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos”. Simon Bolivar. La Unidad Liberal 2011 es la derrota del Orteguismo
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miércoles, 22 de junio de 2011
viernes, 10 de junio de 2011
FABIO en Wuapi,El Rama..El Guabo y Presiilla este viernes 10 de junio.





El Candidato por la unidad por la Esperanza Fabio Gadea Mantilla sostuvo un mitin en la comarca rural de Wuapi, El Rama, Atlantico Sur Uno de los compromisos de gobierno es elevar a municipio este sector de la costa atlantica sur...ademas visito El guabo y la zona rural de Presilla. Vamos sumando cada dia, nadie dietiene esta montaña de votos dificil de hacer fraude.
miércoles, 8 de junio de 2011
La Responsabilidad de Nuestra Opinion.

Si existe un grupo que realmente ha velado por los intereses de los pobres, sin que por ello medie un fin partidario mezquino, este grupo ha sido La Iglesia... Y con esto no solo me refiero a la iglesia católica, sino a todos nuestro hermanos de la fe cristiana...
Si ha habido alguien que hable con mesura, sin ambiguedades, con la verdad en la boca y criticando con causa de conocimiento, esta ha sido La Iglesia!
En la Iglesia, el pueblo no solamente ha encontrado la guia espiritual, sino también la orientación del qué hacer politico a la luz de los evangelios: "Dad al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios"
La iglesia no tiene militancia, no tiene trayectoria poltica ni tampoco tiene posturas... La iglesia entiende su papel histórico como una institución milenaria e imperecedera. Ha estado ahí siempre a la par de los desposeidos... Los otroras grandes partidos politicos, ha desaparecido por su corrupción pero la iglesia estará ahí siempre para el consuelo del hombre, porque la iglesia somos todos aquellos que somos respetuosos y temerosos de la Palabra de Dios y que no hacemos casos a los lobos con piel de borregos!
No es doctrina de la iglesia predicar con el odio, tal y como la hecho Ortega y toda su pandilla, pues sus preceptos divinos se lo prohiben expresamente. La iglesia trae un mensaje de esperanza y redención para los pobres, y las riquezas que te ofrecen, no son efímeras, y no vienen con un puesto en el partido politico o un carnet de militante supernumerario porque sino es así, en el reino del Rey Chamuco, estás condenado irremediablemente...

La iglesia ofrece salvación y ésta es personal y los milagros se dan a nivel de conciencia y se expresa en la urna electoral porque después de todo: "Vox Populis, Vox Dei!", la palabra del pueblo, es la palabra de Dios, y Dios no va a permitir que su pueblo siga sufriendo la humillación y la ignominia en la Casa Ortega Murillo, el moderno Faraón, que se cree dios y que se cree inmortal!
Es por eso que el FSLN, Ortega y todos los malditos que lo apoyan y lo acompañan, serán derrotados por el humilde pueblo Nicaraguense, que está cansado de la repartición de miseria!
Sean ustedes más responsables con su comentarios y no ofendan a los pastores del pueblo nicaraguense, personas dignas de llevar el báculo del rebaño y de calzar las sandalias del pescador!
Saludos fraternales, cristianos, católicos, apostólicos, romanos y liberales!
El Taller de los Cajinas
viernes, 3 de junio de 2011
Fabio Gadea promete préstamos blandos, carreteras y empleos para los segovianos

Managua, 02 de Junio del año 2011
NOTA DE PRENSA
Fabio Gadea promete préstamos blandos, carreteras y empleos para los segovianos
Comentó que mientras el gobierno de Daniel Ortega, promueve la cultura del no pago, el gobierno de la Alianza PLI promoverá “la cultura de la honradez” para los micros y pequeños productores de esta zona, misma que ha sido abandonada por los Gobiernos de turno.
Desde el recóndito municipio segoviano de Wiwilí al norte de Nicaragua, el candidato a la Presidencia de la República de la Alianza PLI, Fabio Gadea Mantilla anunció ante miles de pobladores que se congregaron en la calle principal de este municipio, que durante su gobierno habrá créditos blandos abundantes para los pequeños y medianos productores de esta zona rica del país, que ha sido abandonada por los Gobiernos de turno.
Comentó que mientras el gobierno de Daniel Ortega, promueve la cultura del no pago, el gobierno de la Alianza PLI promoverá “la cultura de la honradez” para evitar que muchos micros y pequeños productores no puedan acceder los préstamo que otorgan las micro financieras.
“Vamos hacer que todos ustedes tengan préstamos para que puedan sembrar la tierra, porque ustedes son el corazón de Nicaragua, son ustedes los que nos dan de comer a todos los nicaragüenses, con los surcos que cultivan nos dan de comer, por eso todo nuestro respeto y nuestra consideración para ustedes” dijo Gadea Mantilla.
El candidato presidencial de la Alianza PLI, indicó que durante su gobierno, habrá empleos para todos, sin distingo de colores políticos, para que nunca más los nicaragüenses tengan que salir hacia Costa Rica o Estados Unidos, en busca de un trabajo que aquí se les niega.
Gadea a la vez hizo, una “sagrada promesa de un segoviano para otro segoviano” de pavimentar los tramos de carretera susucayán-Quilalí y Quilalí –Wiwilí, y dijo que cuando estos caminos estén adoquinados, “ustedes van a progresar enormemente porque como dijo alguien aquí, los caminos traen progreso, comercio, la creación de pequeños restaurantes por todo el camino, traen la salida de los productos, la venta de los productos que actualmente ustedes no pueden sacar por la dificultad del camino”.
Finalmente, el candidato a la Presidencia de la Alianza PLI, se refirió a una información publicada en un medio oficial del PLC donde hacen referencia a su estado de salud.
“Yo les digo una cosa, como no pueden decirme ladrón, no pueden decirme que me robé nada, no pueden hacer nada frente a 50 años de trabajo exitoso, me viven inventado que me estoy muriendo; que tengo azúcar, mentira, yo no tengo ningún azúcar. Que me dio un infarto, a mi no me ha dado ningún infarto, que estoy en el hospital, solo mentiras dicen. Yo no estoy en ningún hospital. Que me han visto que no aguanto caminar, que arrastro los pie, mentira, ustedes me están viendo ahorita… perfectamente sano…” finalizó Gadea Mantilla.
miércoles, 1 de junio de 2011
Fabio Gadea en contra de hacer “bancaditas“ en el Parlamento

Managua, 31 de Mayo del año 2011
NOTA DE PRENSA
Fabio Gadea en contra de hacer “bancaditas“ en el Parlamento
Llama a los candidatos a diputados de la Alianza PLI a consolidar una bancada sólida en la Asamblea Nacional
Durante una capacitación dirigida a los candidatos a diputados de la Alianza PLI, referente a temas electorales, el candidato a la Presidencia de la República, Fabio Gadea Mantilla llamó a sus futuros Diputados a conformar una bancada parlamentaria sólida en la Asamblea Nacional y evitar hacer “bancaditas“.
“El hecho de que la Unidad Nicaragüense por la Esperanza (UNE), haya hecho un gran esfuerzo para hacer la mejor selección de los diferentes partidos que la componen y que muchos de ellos tengan una cantidad respetable de diputados, no quiere decir que deba ir con la idea de hacer su bancadita, por que allí es donde comienzan los problemas, no hay que estar haciendo bancaditas…no nos vayamos a dividir nunca en pequeñas bancaditas seamos uno solo aun que a veces no nos guste, pero la democracia es la democracia y debemos defenderla siempre“ exhortó Gadea Mantilla.
El candidato presidencial cuestionó el accionar de algunos de los diputados demócratas, que por dádivas o halagado que reciben del partido de Gobierno nunca están unidos.

“Es una gran tristeza para mi, ver como la bancada del orteguismo en todos los períodos está fuertemente unida, parecen soldados de plomo, no se mueve ninguno, ellos saben lo que hacen, ya saben lo que les puede pasar si se mueven, pero la verdad es que permanecen unidos. Por otro lado nosotros los demócratas vivimos constantemente dividiéndonos en bancaditas y bancaditas y aceptando prebendas y sobornos a cambio de un voto…y entonces doblegan al espíritu débil de algunos diputados“, se lamentó el candidato presidencial.
Llamó a los candidatos al parlamento de esta alianza electoral, que una vez que lleguen a la Asamblea Nacional actúen con un mismo criterio y que estén alineados para la bondad, el patriotismo y para poderle dar el ejemplo a Nicaragua, a las futuras generaciones a nuestros hijos y nietos.
“Quiero dejarle sembrada la semilla de la honestidad que no siga siendo el parlamento nicaragüense el hazme reír de una serie de personas y el motivo de desprecio de otras, que señalan que los diputados son una pacotilla de ladrones“, concluyó Gadea Mantilla.
Durante capacitación dirigida a los candidatos a diputados de la Alianza PLI, referente a temas electorales, el candidato a la Presidencia de la República, Fabio Gadea Mantilla llamó a sus futuros Diputados a conformar una bancada parlamentaria sólida en la Asamblea Nacional y evitar hacer “bancaditas“.
sábado, 28 de mayo de 2011
El Dictador
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El Dictador
“Pero, ¡oh! ¡Dios mío! ¿Qué ocurre? Cómo llamar ese vicio tan horrible? ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas personas, no tan sólo obedecer sino arrastrarse? No son gobernados sino tiranizados (....) Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros (....) sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón sino de un único hombrecillo que ni siquiera ha husmeado una sola vez los campos de batalla”
(Étienne de la Boétie “Sobre la Servidumbre Voluntaria”. 1553)
La ausencia de democracia no siempre es una dictadura. Podemos decir por ejemplo, que hay naciones que son más democráticas que otras sin que las que son menos democráticas dejen de serlo. La ausencia de democracia puede ser también el desgobierno o la anarquía. La dictadura en cambio, a diferencias de la anarquía, es una forma de gobierno que por definición niega a la democracia.
Si la dictadura es una forma de gobierno que niega a la democracia, podemos afirmar que en toda democracia, aún en la más perfecta, existe la posibilidad de su negación. Conclusión pesimista que lleva necesariamente a una optimista, a saber: que en toda dictadura existe también la posibilidad de su negación: la posibilidad democrática.
Sin embargo, no todas las dictaduras han surgido como negación de la democracia. En ese sentido hay que diferenciar entre las llamadas dictaduras de origen -que son las que emergen de situaciones no democráticas- y las dictaduras de ocasión -que son las que han surgido del quiebre de una democracia-. Los gobiernos que siguieron al hecho independista latinoamericano fueron, por ejemplo, dictaduras de origen. En cierto modo se acercaban a la noción romana original de “dictatura” que definía a la institución o persona encargada de dictar leyes donde no las había. Las dictaduras de ocasión –independientemente a cuanto dure esa ocasión- son las que imperan en nuestros tiempos, tiempos caracterizados por la hegemonía de la idea de la democracia por sobre la de la dictadura. En ese punto no hay duda: la “invención democrática” (Claude Lefort) ha sido hecha suya -ya sea como realidad, ya sea como ideal- por la mayoría de las naciones de la tierra.
La democracia avanza sobre el planeta, pero de modo zigzagueante, hecho que ha creado un consenso internacional que más o menos dice así: las dictaduras pueden ser transitoriamente soportadas pero no aceptadas. Razón que explica por qué ningún dictador contemporáneo se designa a sí mismo como dictador. Todas las dictaduras de la tierra, en una tierra cada vez más democrática, quieren aparecer vestidas con ropa democrática. Más aún: quieren ser reconocidas como democráticas e, incluso, como una forma superior de democracia.
Las dictaduras emergen allí donde no hay, o dónde se quiebran las democracias. Las democracias, a su vez, pueden ser caracterizadas como formas de gobierno que resultan de elecciones libres y secretas a las que concurren partidos políticos, formas erigidas sobre la base del respeto a la constitución, a los derechos humanos y a la independencia de los poderes públicos. La democracia es, por lo tanto, una forma política y no social de organización.
La dictadura como forma de gobierno opuesta a la democracia supone la negación de las elecciones libres y secretas, la interdicción de los partidos políticos, la subordinación de la constitución a la voluntad del dictador, la violación sistemática de los derechos humanos, y la negación radical de la división de los poderes públicos. A esas características hay que agregar otras dos: su estructura militar y militarista y el ejercicio personal y personalista del poder: no hay dictadura sin un dictador.
Naturalmente, no todas esas condiciones se dan en cada dictadura. Cuando se dan todas, hablamos de dictaduras totales. Pero en la mayoría de los casos las dictaduras de nuestro tiempo no son totales (como sí son las de Corea del Norte, Cuba o Sudán), sino parciales. Si fueran totales, la lucha nacional en contra de las dictaduras sería casi imposible y ellas sólo podrán ser derribadas, como ocurrió con la dictadura nazi, por medio de la acción de fuerzas externas. Sin embargo, el ideal supremo de todo dictador es alcanzar el estadio de la dictadura total. El avance de las fuerzas democráticas a nivel mundial, la estandarización de los modos republicanos de comunicación política y la llamada globalización, que no sólo es económica sino también política y cultural, son razones que inciden en la formación de dictaduras parciales. De más está decir que uno de los objetivos más elementales de toda oposición antidictatorial es impedir que una dictadura parcial se convierta en total. Ese es, por lo demás, el punto de partida de toda lucha antidictatorial.
Las dictaduras, y no sólo las de nuestros días, se sirven de algunas formas democráticas, hecho que utilizan los dictadores para legitimar su poder, sobre todo hacia el exterior. En algunos casos toleran la emergencia de sectores opositores a los que, cuando ya no pueden eliminar, los acosan para encerrarlos en cercos que no deben traspasar. Es el caso, por ejemplo de la dictadura de Zimbawe, o también, de la iraní y de la Bielorusa En otros casos, toleran ciertos espacios de prensa libre a la que someten a constantes presiones, extorsiones y amenazas.
Hay, por supuesto, distintos tipos de dictadura y los textos de teoría política son muy pródigos en clasificaciones. Dichos textos nos hablan de dictaduras cesaristas, bonapartistas, populistas, sultanistas, fascistas, comunistas, etc. No obstante, más allá de tipologías académicas, interesa constatar aquí que toda dictadura está caracterizada por tres rasgos fundamentales: la existencia de un dictador, la concentración de los poderes públicos en la persona del dictador, y la militarización del poder político. Eso lleva a concluir que toda dictadura, más allá de las formas que las caracterizan y de los hechos que las originaron, no puede prescindir de esos tres rasgos fundamentales.
Llamará quizás la atención que entre los rasgos fundamentales de cada dictadura no aparezca el tema de la supresión de las elecciones. No se trata, sin embargo, de una omisión. Hay en efecto, dictaduras electorales, y en nuestro tiempo, las hay de modo creciente.
Las dictaduras antielectorales resultan casi siempre de golpes de estados o de tomas violentas del poder estatal. Fue el caso de Franco, de Sadam Hussein, de los Castro, entre otras. Hay sin embargo dictaduras que provienen de elecciones. El caso más conocido fue el de la dictadura de Hitler. Fue el mismo Hitler quien inició una costumbre dictatorial que ha hecho escuela: la de legitimar su poder mediante plebiscitos. En nuestros días, tanto Lucashenko como Mugabe recurren al mismo expediente. Milosovic en Serbia también hacía elecciones. En Irán hay elecciones regulares, aunque el poder central lo ocupan las castas sacerdotales. Pinochet y los dictadores militares uruguayos intentaban consolidar su poder mediante plebiscitos.
Muchos dictadores no sólo recurren a las elecciones. Además, abusan de ellas. Hay incluso regímenes dictatoriales donde hay más elecciones que en regímenes democráticos. En este sentido puede decirse que algunos dictadores han comprendido que mediante la perversión del sistema electoral pueden tener lugar avances más expeditos hacia el poder que mediante su supresión. Ello implica por cierto, correr el riesgo de perder alguna vez. Hay por supuesto dictadores que no quieren arriesgar nada.
Fue, por ejemplo, muy conocida la receta de Francisco Franco para mantenerse largo tiempo en el poder: “no hay que meterse en política”- dijo. La receta la siguió a pies juntillas ese hijo de gallego que fue Fidel Castro. Ambos suprimieron radicalmente a la política, incluyendo a las elecciones.
En nuestro tiempo, en cambio, ha aumentado el número de dictadores que no suprimen algunas prácticas políticas, incluyendo a la más política de todas, que son las elecciones. Pero sí convierten, o intentan convertir a las elecciones en un medio de acumulación de poder. Lo que ellos llevan a cabo, y sistemáticamente, es un envilecimiento de los procesos electorales.
El envilecimiento de las elecciones no resulta siempre de la falsificación de los escrutinios, aunque hay que contar que bajo gobiernos militares lo más probable es que existan esas falsificaciones.
Por lo demás, el dictador es muy generoso con quienes lo apoyan. Tal generosidad se extiende en periodos electorales hacia los sectores más pobres de la población. En esos momentos el dictador se vuelve extremadamente dadivoso. Entonces aparecen los obsequios, los aumentos de sueldo, las donaciones, las neveras, los aparatos televisores, los aguinaldos, etc. Por cierto, hay gobiernos democráticos que suelen usar métodos parecidos, pero jamás con la descarada amplitud que ostentan los dictadores electoralistas de nuestro tiempo.
Por último, si todo eso no bastara, todavía queda la alternativa de la intimidación.
En periodos electorales los dictadores se vuelven extremadamente agresivos con quienes osan adversarlos. Las amenazas, los insultos, las extorsiones, se convierten en el pan de cada día. Durante esos periodos, aparecen por todos lados supuestas conspiraciones (todas ficticias, por supuesto), intentos de magnicidios (cuyos gestores nunca aparecen por ningún lado), amenazas de invasiones de países extranjeros, peligros de guerra con naciones vecinas. Las calles se llenan de comandos y piquetes pro-dictatoriales.

No hay que olvidar que casi todos los dictadores son militares, y cuando realizan elecciones las ven como campos de batalla en donde es necesario vencer recurriendo a todos los medios posibles. Así se explica cómo los dictadores más audaces logran revertir encuestas y resultados. Muchas veces ni siquiera requieren falsificar escrutinios. Las elecciones mismas son, bajo esas circunstancias, una falsificación. La democracia, que vive de las elecciones, se convierte así en un simulacro de sí misma. Tiene lugar, mediante el forzamiento de elecciones, muchas veces innecesarias, una degradación paulatina de la vida ciudadana. Algunos opositores terminan dudando de la vía electoral, sin tener otra que recorrer. Un sentimiento de apatía y frustración se apodera de las conciencias políticas. Si eso ocurre, el dictador ha logrado un objetivo adicional: destruir por medios políticos los cimientos morales de una nación. La democracia se convierte, bajo esas condiciones, en el escenario de una serie de rituales destinados a cementar la autoridad del dictador. Los opositores esclarecidos, sin embargo, se esforzarán en mantener vivo el ideal democrático pues saben que toda dictadura tiene plazos históricos. Y, además saben que más temprano que tarde, los medios políticos de los que usa y abusa la dictadura, se volverán en contra del propio dictador. Así ha ocurrido en muchos países. Importante en este caso es no caer en la trampa del dictador. En efecto: el dictador intenta convencer a todo el mundo que la suya no es dictadura ya que realiza elecciones. Pero la democracia –eso lo sabemos todos- es algo mucho más profundo que la realización periódica y ritual de elecciones.
La democracia, además de una forma de gobierno, es un modo de vida, y como tal, hay que realizarlo día a día, resistiendo a todo aquello que atenta en contra de la libertad humana. Sólo a partir de esa resistencia cotidiana será alguna vez posible vencer al tirano en su propio terreno: el electoral. Así ha ocurrido al menos en algunos países sudamericanos. Un ciudadano político no debe renunciar jamás a las elecciones, por más prostituidas que ellas se encuentren. Pero tampoco debe seguir el ejemplo del dictador e imaginar que la única actividad política posible es votar cada vez que al dictador se le ocurra.
No obstante, tampoco hay que olvidar que independientemente a los medios que utilizan para vencer en las elecciones y plebiscitos, la mayoría de los dictadores han sido gobernantes populares. En verdad, no hay ninguna razón que lleve a pensar que el ser humano es por naturaleza democrático. Mucho menos debemos pensar que siempre la libertad es el bien más preciado por las grandes mayorías. No hay dictador, en efecto, que no haya contado alguna vez con grandes bases de apoyo, incluyendo el de los sectores más empobrecidos. Eso significa que si bien no hay dictaduras que no sean militares, ninguna se sustenta sólo sobre bayonetas. Particularmente en América Latina, la combinación entre militarismo y populismo ha sido muy productiva para las dictaduras. Incluso muchos dictadores han sido grandes tribunos de masas.
La condición política no es natural sino adquirida. Llegar a ser ciudadano autónomo implica someterse a un largo proceso de aprendizaje. Vivir en una democracia no es por lo tanto fácil ya que implica aceptar posiciones contrarias y convivir con ellas; nos gusten o no. Conocer los límites que separan el mundo privado del político, tampoco es fácil. A muchos resulta más cómodo delegar su responsabilidad ciudadana que asumirla. Hay incluso quienes no soportan la posibilidad de ser libres, y la política se convierte para ellos en un espacio de regresión a las etapas más infantiles, cuando había siempre alguien que decidía por nosotros. Los dictadores, no sé cómo y por qué, tienen ese sexto sentido que les permite captar las debilidades humanas y, lo que es peor: abusar de ellas.
Existe, como escribió en 1553 Étienne de la Boétie (“Sobre la Servidumbre Voluntaria”) una tendencia casi natural a la “servidumbre”. La idea fue retomada por Hegel, quien descubrió que los impulsos que llevan al siervo a subordinarse a su amo no están basados en la pura violencia. Freud, a su vez, descubrió que en cada ser humano existen tendencias que lo llevan, en un sentido individual, a regresar a la infancia perdida, y en un sentido colectivo, a la barbarie, al salvajismo y a la horda, o como diría Elías Canetti: hacia el “magma originario”. Asumir la condición política presupone, en todo caso, haber dejado atrás la etapa de la barbarie. Noción profundamente helénica que retomó en el siglo XlX Domingo Faustino Sarmiento en su siempre incomprendido libro “Civilización y Barbarie”. En esa obra Sarmiento no identificaba a la barbarie con “los pobres”, como dicen sus malos críticos, sino a las masas apolíticas que seguían a caudillos militares, como al sangriento dictador Juan Manuel de Rosas.
En ese contexto, Sarmiento recurría a la noción griega de barbarie. Eso significa que la barbarie aludía, según los griegos, a aquellos sectores que, viviendo en un mundo político, no habían alcanzado la condición política. En ese sentido es posible ser millonario y bárbaro a la vez, pues la condición política no tiene nada que ver con la condición social. Dicho a la inversa: se puede ser muy pobre y asumir derechos y obligaciones ciudadanas con integridad y decencia. Luego, la barbarie no está en el pueblo dado que el pueblo es una noción política. La barbarie aparece cuando el pueblo es convertido en populacho, el populacho es convertido en masa y la masa es convertida en tropa. No sin razón, el primer presidente populista chileno, Arturo Alessandri, se dirigía a sus seguidores con el calificativo de “mi querida chusma”. La “chusma” es a su vez el término que usó Hannah Arednt (Mob) para referirse a aquellos sectores sociales que se convirtieron en masa electoral del totalitarismo fascista.
Ahora bien, dentro de las múltiples contradicciones que asolan a América Latina, la de “civilización y barbarie” no es una de las menos importantes. En condición bárbara viven por ejemplo amplios sectores que si bien pueden estar integrados social y económicamente en la modernidad, no lo están políticamente. Para la gran mayoría de ellos, incluyendo a ciertos intelectuales, la política se reduce a una pura “cuestión” social. La lucha por las libertades les es completamente ajena, e incluso, les resulta superflua. En algunos países islámicos, que no son por cierto los más democráticos de la tierra, el concepto de “libertad” ni siquiera existe en el vocabulario político. Ese concepto es -como captó muy bien Bernard Lewis- reemplazado por el de “justicia”. Lo mismo ocurre en diversas zonas latinoamericanas. No fue casualidad que en el país de Sarmiento, el partido peronista no se hubiera llamado “partido demócrata”, o “socialista”, o “nacionalista”, sino que “partido justicialista”. Como es fácil deducir, la “justicia” alude a un tema social, pero no político. La política, en cambio, pone su centro en la lucha por la libertad. Más aún: desde el punto de vista político, no puede haber justicia sin libertad. El ideal de la barbarie política en cambio, no es la democracia sino la justicia social. El presidente, para los bárbaros sociales, no es un mandatario sino un “mandamás”, un caudillo, un “hombre fuerte”, en fin: “un justiciero”. Y casi siempre: un militar.
La barbarie dictatorial presupone la desarticulación de las asociaciones horizontales que marcan el espacio social de una nación incluyendo en ellas, las de “clase”. No deja de ser sintomático que todas las dictaduras, tanto las que se dicen de derecha, como de izquierda, atacan con saña a las organizaciones obreras, sobre todo a los sindicatos independientes. Las que se dicen de derecha proscriben a los sindicatos. Las que se dicen de izquierda los suprimen, estatizándolos, y por si fuera poco, en nombre del socialismo.
En muchas ocasiones, el dilema civilización- barbarie asume la forma de contradicción entre las ciudades y el campo. Pero –cuidado- no es lo mismo. Hay países en donde el mundo agrario se ha incorporado de lleno a los procesos modernizadores, y los campesinos se organizan en sindicatos independientes. Hay otros países en cambio, en donde prevalecen condiciones decimonónicas. En tales países, los dictadores, y quienes quieren serlo -como es el caso de Ollanta Humala en Perú- obtienen gran parte de su apoyo social en las regiones rurales culturalmente más atrasadas, regiones en donde todavía imperan relaciones patronales y caudillescas. Para las masas agrarias de muchos países, el Presidente es la reencarnación de “Buen Patrón” o, como llamaron a Trujillo: un gran “Benefactor”. No obstante, hay que consignar que la condición ciudadana no es demográfica. Hay muchos habitantes de las ciudades que tampoco asumen una condición ciudadana. Son los bárbaros urbanos. Si no existieran, ni en el campo ni en la ciudad habría dictadores. Porque, a fin de cuentas, la dictadura es la barbarie hecha poder: el fin de la polis: el lugar donde desaparece la polí-tica y aparece la poli-cía.
Así como según Hannah Arendt el totalitarismo europeo, en sus dos formas principales, la comunista y la fascista, surgió de la, por ella llamada, alianza entre “la chusma” y determinadas elites, las dictaduras latinoamericanas han emergido de la alianza entre masas culturalmente desintegradas y fracciones militares. A la cabeza de esa alianza se encuentra el dictador. Eso significa que el dictador latinoamericano casi nunca ha sido un personaje socialmente aislado. Por el contrario: bajo determinadas condiciones, la barbarie puede llegar a ser mayoría nacional.
El dictador suele dominar muy bien el idioma de la barbarie puesto que tanto por su condición cultural como por su condición militar es, el mismo, un bárbaro. Así se explica que el proyecto de cada dictador es destruir las relaciones políticas que reglan la vida de cada nación, imponiendo su cultura, que no es otra que la militar. El ideal de cada dictador no es la vida política sino la vida cuartelera. La sociedad es para él un gran cuartel y el dictador imagina ser su Gran Comandante. Así se explica que su lenguaje sea siempre militarista. Su proyecto final, que es el de militarizar a la nación, comienza con la militarización de sus propias huestes, y eso pasa por la conversión de las masas en tropas. La tropa más que la masa corresponde con el ideal del cuartelero convertido en dictador.
Del mismo modo como la tropa militar, la tropa social de los dictadores no debe ser deliberativa. Por el contrario: la llamadas masas son integradas de modo vertical al Estado. No hay dictadura que no haya estatizado a los movimientos sociales que las apoyan. Dichas masas no deben pensar: sólo actuar. Las órdenes les vienen siempre de las más altas cúpulas, y en la más alta se encuentra el dictador rodeado de familiares y amigos íntimos. Es por eso que la mayoría de los dictadores intentan organizar a las masas en un partido único, permitiéndose en algunos casos la existencia de pequeños satélites que giran en torno a la maquina partidaria estatal.
Pero el partido único no es un partido en el sentido político del término. Partido viene de “parte”, y el partido único del dictador no es parte de nada puesto que su destino es representar al todo. El todo es, por supuesto, el dictador. A diferencia de los partidos políticos democráticos que giran en torno al Estado, el partido dictatorial es organizado desde el Estado. En su primera fase es un partido constituido por empleados públicos y militares. En una segunda fase, el partido integra y succiona a las organizaciones de masas, dándoles un carácter para-estatal. En una tercera fase, el partido dictatorial organiza a las masas como si fueran tropas, y en un sentido estrictamente militar. Esa es la razón por la cual el dictador tiene especial cuidado de que los cuadros dirigentes no sean políticos sino militares, o personas de extracción militar. Comandos, batallones, pelotones, son los nombres que designan a las diferentes unidades partidarias de masas.
La masa, el partido y el dictador, se confunden así en una nada de santísima, pero sí, diabólica trinidad. El Partido es el espíritu maligno que une a la masa con el dictador quien a la vez habla en nombre de la masa, del partido, y por supuesto, de sí mismo. A la vez ese “sí mismo” es el Estado: el Estado del dictador, quien a la vez se encuentra por sobre el Estado, y por cierto, por sobre la Constitución. Si por alguna razón la Constitución no concuerda con la voz del dictador, la Constitución, aunque haya sido procreada por el propio dictador, será modificada, y si no, violada. No hay dictador que no haya establecido una relación incestuosa con su propia Constitución. Al fin y al cabo, durante el periodo de un estado excepción, la Constitución es suspendida. ¿Y qué es una dictadura si no un estado de excepción permanente? (valga la paradoja). Más aún: es la nación en estado de sitio: la nación sitiada por su propio Estado.
No es hecho casual que si bien los dictadores fundan un partido para realizar sus deseos personales, mantengan un discurso en contra de los partidos. En realidad, no hay nada más fácil y cómodo que criticar a los partidos políticos. Por una parte, al ser públicos, sus militantes y dirigentes están expuestos a la observación cotidiana. Por otra parte, por el sólo hecho de existir, los partidos se convierten en el blanco preferido de las críticas públicas. En periodos de crisis, asoma muy fuerte la crítica a la corrupción, la que, por cierto, es más visible en los partidos políticos que en otras instituciones públicas.
Desde luego, hay profesionales políticos corruptos. Pero no hay más ni menos que en otras profesiones, incluyendo la militar. Ahora, sobre la base de la crítica a los partidos, han surgido todas las dictaduras desde que hay partidos. El antipartidismo es la ideología originaria de cada dictadura.
Tanto Castro como Pinochet -los dictadores latinoamericanos más emblemáticos del siglo XX- intentaron legitimar, y con éxito, sus presencias ilegítimas en el poder, sobre la base de la crítica a los partidos. Aquello que resulta inexplicable es que en diversas ocasiones la crítica a los partidos es compartida por sectores antidictatoriales, olvidando sus representantes que fue esa crítica la que ayudó a llevar a los dictadores al poder. Más allá del hecho de que no hay democracia sin partidos políticos, los partidos políticos están llamados a cumplir funciones insustituibles, aún bajo una dictadura.
La destrucción de la política comienza donde aparece su militarización. La militarización a su vez emerge cuando aparece un enemigo que supuestamente amenaza la integridad de la nación. Ese es el momento en que la política retrocede y da lugar al estado de guerra que es, casi por definición, excepcional. Luego la dictadura no es sólo militar sino, por lo mismo, es bélica. En cierto modo toda dictadura es una declaración de guerra del Estado a la nación políticamente constituida. No obstante, eso no lo puede decir públicamente ningún dictador. De ahí que el dictador legitime su dictadura como el resultado de una misión histórica que sólo él y nadie más que él puede cumplir.
La misión a cumplir es la lucha en contra de un gran enemigo “histórico”. Más, no se trata de cualquier enemigo. El enemigo del dictador ha de ser un enemigo omnipresente que mientras más omnipresente sea, más necesaria será la dictadura.
Por cierto, en la lucha política también hay enemigos. Pero los enemigos políticos, a diferencia de los enemigos del dictador, son enemigos reales, visibles, tangibles. El enemigo de la dictadura, en cambio, debe ser un enemigo meta-real y meta-histórico y por cierto, imposible de ser vencido en cortos plazos. El enemigo debe existir ojalá para siempre. Así, la dictadura se perpetuará en el cumplimiento de su histórica misión. Para Pinochet, por ejemplo, el enemigo meta-histórico era el socialismo. La misión que debía cumplir sobre la tierra era la erradicación del socialismo y por cierto, de sus ideólogos, los llamados marxistas. Pero los marxistas para Pinochet no sólo eran los marxistas. Además eran todos los que alguna vez se pronunciaban en contra de su dictadura. En un momento dado, marxistas eran para Pinochet las monjas y el Papa, los partidos de centro y el propio presidente Carter. Lo mismo sucedió con Fidel Castro, aunque en un sentido inverso. La misión histórica de Castro fue definida por el mismo: luchar en contra del capitalismo y sus máximos representantes: los EE UU. Como obviamente nunca Cuba logrará derrotar al capitalismo mundial, a pesar de la gran cantidad de vidas cubanas inmoladas en tan absurda misión, la necesidad histórica de la dictadura puede proyectarse hasta el infinito.
Hoy han aparecido nuevas dictaduras militares en el planeta. Todas quieren cumplir una gran misión. La misión histórica que se han auto asignado muchas de ellas es la de derrotar al “imperio”, construcción ideológica muy adecuada para legitimar la existencia de la dictadura y que, además, sirve para todo. Sobre todo sirve para liquidar a sus enemigos internos, los que son presentados como agentes del exterior, vendepatrias, lacayos del imperio y otras exquisiteces parecidas.
Es importante, por lo tanto, no confundir a las dictaduras con sus ideologías. En ese sentido hay que tener en cuenta que lo que más interesa a cada dictador es conservar y aumentar su poder y en el cumplimiento de ese objetivo, cualquiera ideología, hasta la más estrambótica, puede ser utilizada. Por cierto, la lucha política es y será siempre lucha por el poder. En ese punto todos los filósofos políticos -desde Hobbes y Maquiavelo, hasta Weber, Schmitt y Arendt- están de acuerdo. Pero, a diferencias de la lucha política en donde el poder es un medio para la realización de un objetivo, bajo una dictadura el poder es un objetivo ante el cual han de ser subordinados todos los medios. Las ideologías de las dictaduras son también medios subordinados a aquel objetivo casi animal que se trazan todos los dictadores de la tierra: el poder por el poder y nada más que por el poder.
Luego es ocioso tratar de polemizar ideológicamente con una dictadura y sus representantes, trampa en la que tienden a caer con frecuencia los intelectuales democráticos. Por lo demás, quienes menos toman en serio sus ideologías son los propios dictadores. Los dictadores sólo se sirven de las ideologías cuando son funcionales al poder y jamás pondrán el poder al servicio de una ideología. Las dictaduras comunistas se designaban por ejemplo, como marxistas, y las anticomunistas, como cristianas. Pero el marxismo de las dictaduras comunistas tenía tanto que ver con Marx como el cristianismo de Franco y Pinochet con Cristo. El marxismo, las religiones, las ideas en general, han sido convertidas por las dictaduras en ideologías ocasionales al servicio de sus objetivos de poder. En gran medida los dictadores son grandes ladrones de ideologías. Sobre todo las dictaduras fascistas y fascistoides han sido expertas en prácticas ideológicas latrocinias. Hitler, por ejemplo, robaba de todas partes: del socialismo, del nacionalismo, de la filosofía clásica alemana, de la biología darwinista, etc. Los dictadores latinoamericanos, desde Perón hacia adelante, han seguido el mismo ejemplo. Ha habido algunos que son capaces de citar a Gramsci, Trotsky y Jesús en una sola frase.
Tampoco hay, por lo tanto –y éste es un punto que conviene dejar muy en claro- dictaduras de derecha o de izquierda. Denominar como de izquierda o de derecha a una dictadura es de por sí un absurdo, sobre todo si consideramos que tanto izquierda como derecha son nociones que sólo adquieren lógica y sentido en el marco de una práctica parlamentaria y democrática, donde izquierda, centro y derecha disputan entre sí, pero a la vez comparten el mismo espacio político. Hay sí, dictadores que roban ideas de izquierda e ideas de derecha, pero quien confunde el sentido de una dictadura con lo que una dictadura piensa de sí misma, no entiende nada de dictaduras.
Izquierda y derecha son conceptos democráticos y sobre todo políticos. Una dictadura, en cambio, se erige sobre la destrucción de la política.
Aunque no sean los partidos las organizaciones que lleven al derribamiento de las dictaduras (generalmente no lo son), sí serán las organizaciones que se encargarán de negociar con las disidencias internas de la dictadura, las que tarde o temprano aparecerán. Además, los partidos son las organizaciones más adecuadas para hacerse cargo de los complejos periodos que llevan al tránsito de la dictadura a la democracia. Por último, son los partidos las instituciones que deben abrir un flanco para que en la política post-dictatorial, el partido que representó a la dictadura pueda seguir existiendo, no ya como partido-estado, sino como un simple partido parlamentario; uno más entre otros. Porque la otra alternativa es perseguirlos y prohibirlos. Pero estamos hablando de una democracia; no de otra dictadura. Y la democracia es para todos: incluyendo a sus enemigos. Por eso el dictador impugna a los partidos o, como decía Pinochet: “a los señores políticos”. La explicación es obvia: los partidos representan la posibilidad de una transición: un mañana democrático. Ese “mañana” es lo que más teme el dictador. Y tiene razón: ese “mañana” será el día de su muerte política.
Así se entiende el odio que sienten todos los dictadores frente a la política. Por eso intentan destruirla. Y a veces –ay- lo logran.
Como la política es simbólica, la destrucción de la política debe ser realizada mediante la destrucción de sus símbolos. Y el símbolo de todo símbolo es el lenguaje. Así se explica por qué todos los dictadores sin excepción, se esfuerzan en destruir el lenguaje político. No es cosa de azar que la mayoría de los dictadores utilicen un lenguaje soez, cargado de odios y agravios, en fin, de barbarismos. Tarea que no les cuesta mucho esfuerzo pues en la gran mayoría de los casos son los dictadores personas sin mucha educación. Además, se muestran orgullosos de no tenerla. En general los dictadores son personajes groseros e ignorantes. De los dictadores latinoamericanos Fidel Castro es quizás el único que ha pasado por una universidad. Si de ahí algo aprendió, aparte de disparar, no estoy muy seguro.
A través del empleo de un lenguaje antipolítico, el dictador imagina que él habla como habla el pueblo, lo que no es tan cierto. La mayoría de los miembros de los sectores populares, sobre todo los obreros, tienen un buen uso del lenguaje pues saben que sólo a través del lenguaje pueden articular sus intereses sociales. El lenguaje violento del dictador corresponde más bien con el que utiliza el hampa, las mafias y los delincuentes. No es la suya palabra de los pobres, sino que la de sectores socialmente desintegrados entre quienes se impone la ley del más fuerte. Y el más fuerte en esos submundos es siempre el más astuto y el más brutal.
No obstante, la destrucción de la política por medio de la destrucción del lenguaje político, cumple una función objetiva que el dictador –animal de poder- capta muy bien. Mediante el insulto y el agravio, se borran los límites entre los enemigos y los adversarios, distinción que es consustancial a toda práctica política.
El arte de la política consiste en convertir a los enemigos en adversarios. El arte del dictador consiste en convertir a los adversarios en enemigos.
Ya que la dictadura es una institución bélica, no hay lugar para los adversarios políticos. De este modo el dictador traza una línea horizontal a lo largo de la nación: “quienes no están conmigo, son mis enemigos”. Así se explica por qué el dictador trata a todos sus adversarios como enemigos de guerra a los que hay que enjuiciar y si los medios se tienen: ajusticiar. Suele ocurrir que amenacen, persigan, torturen y hasta asesinen a los políticos más democráticos, y no a los más radicales, lo que no debe extrañar porque la democracia y no el radicalismo político es la realidad que más amenaza a las dictaduras. Muchas veces, en su locura antidemocrática, los dictadores terminan convirtiendo a los líderes perseguidos, encarcelados y asesinados, en símbolos de la resistencia política nacional. Así ocurrió con el asesinado Padre Jerzy Popiluschko en la Polonia comunista. Así ocurrió con el asesinato de Benigno Aquino durante la dictadura de Ferdinand Marcos en Filipinas. Así ocurrió con el encarcelamiento de Hubert Matos en la Cuba de los Castro. Así ocurrió con el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en El Salvador. Así ocurrió con el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en la Nicaragua somozista. Y así ocurre hoy con Ernesto Cardenal, perseguido y acosado en la Nicaragua orteguista.
Imponiendo la lógica de la guerra interna el dictador, además, concita el apoyo irrestricto de los estamentos militares quienes ocupan gran parte de las instituciones sociales y públicas. La militarización del Estado es el paso previo a la militarización de la nación.
La lógica de la guerra es la que también impera en el partido único dictatorial. Mientras que en una sociedad política manifestar una opinión contraria al jefe de gobierno que uno apoya es lo más normal del mundo, en un orden dictatorial el hecho de disentir se convierte en causa de alta traición, así como la formación de fracciones o el seguimiento de corrientes de opinión, en un crimen. Y es obvio: en un estado de guerra, deliberar está prohibido y disentir es traicionar. Por esa razón el dictador suele ser más cruel con sus propios disidentes que con los enemigos que él intenta “pulverizar”. No extraña entonces que los sujetos más cercanos al dictador, sobre todo los llamados ministros, dan la impresión de ser verdaderos zombis, personajes sin ideas propias cuya única tarea es repetir incansablemente la última ocurrencia del dictador. Con ese tipo de gentes es imposible polemizar ya que además, viven muertos de miedo, miedo que intentan disimular con descargas de odio en contra de quienes amenazan la continuidad dictatorial. Han vendido su alma al diablo, y saben que sin el diablo sólo les espera el infierno. O la cárcel.
Destruido el lenguaje político, el dictador, conocedor instintivo del valor de los símbolos, pasará a la fase más militar de su gobierno: la de la militarización de las masas a las que convertirá, simbólicamente, en tropas de combate, las que por ser tropas, no deben pensar. Y como el dictador odia a la democracia, odia a la diversidad, pues sin diversidad no hay democracia, ni tampoco pensamiento, la masa dictatorial no puede ser, por lo tanto, masa multiforme. La masa, como toda masa, deberá ser uni-forme. Esa es la razón que explica por qué la mayoría de los dictadores uni-forman a las masas, disfrazándolas bajo un sólo color, color que puede ser verde-oliva, negro, pardo, rojo. Y, dato curioso: los dictadores de tendencias fascistas tienen una extraña predilección por las camisas.
Desde Hitler, pasando por Perón (los descamisados) hasta llegar a nuestros días, la camisa ha sido uno de los símbolos preferidos de la uniformidad. El color único es evidentemente el símbolo del pensamiento único, que a la vez es la representación del “pensamiento” del dictador. Y la uniformidad es el símbolo de la pérdida de la individualidad y de la diferencia. Encamisada la masa uniforme, la camisa, como en los manicomios, se convierte en una camisa de fuerza. Desde ese momento, la individualidad -uno de los bienes más preciados de la condición humana- es adsorbida por un colectivo puesto al servicio de la voluntad del dictador.
En la masa, sus miembros ya no se pertenecen a sí mismos. Pasan, definitivamente, a ser propiedad del dictador quien posee a la masa sin compasión ni tregua.
Vestidas las multitudes con un mismo color, creen quienes las forman que todos son iguales entre sí: ricos y pobres; negros y blancos; mujeres y hombres; flacos y gordos, todos unidos en un sólo color, que es el color de la dictadura. En el delirio que invade a las muchedumbres cuando aúllan frente al macho furioso que las domina y violenta, imaginan ser guerreros prestos a inmolarse: carne de cañón de la historia patria. En la falsa igualdad de las camisas –obsceno simulacro de una igualdad social que no existe en ninguna parte- asistimos a la capitulación del ciudadano frente a la barbarie; al de la razón frente a la locura: el triunfo glorioso del principio de la muerte por sobre el de la vida: la muerte del Eros y el triunfo de Thanatos.
De ahí que las llamadas concentraciones políticas a las que convoca el dictador, son todo, menos políticas. Habiendo sido cerrado el espacio de la política mediante la prohibición real y simbólica de la diversidad, las concentraciones de masas devienen en verdaderas ceremonias seudo-religiosas destinadas a aclamar la presencia omnímoda del dictador. El dictador aparece entonces frente a “sus” masas como si aquello que tuviera lugar fuera la llegada del Mesías en gloria y majestad.
La masa delirante se realiza frente a la presencia del dictador vociferante, al mismo tiempo que el dictador hunde su –casi siempre- gordo cuerpo en el océano uniforme de la masa. En ese momento apoteósico y delirante, la muchedumbre grita cada vez que el dictador grita. La manada regresa a su momento originario; toda palabra pierde sentido; sólo los sonidos son significantes. Y en medio del estruendo infernal de la catarsis colectiva, suele suceder que el dictador, sobre todo si se trata de un dictador electoralista, caiga en un estado de espasmódico orgasmo retórico. Ya sin límites, comienza a gritar que él es el pueblo; que el pueblo está en él, y todo se confunde en un sólo caos; la locura se apodera de las camisas uniformadas, mientras el dictador, el único, ya no habla con su voz. A través de la estridencia de su boca coprófaga, hablan los antepasados, los “padres de la patria” de quienes el dictador quiere aparecer como un enviado de ultratumba. El climax del orgasmo colectivo es alcanzado cuando el dictador, ya fuera de sí, ofrece su vida a las masas que aúllan sin ton ni son frente a ese carnaval orgiástico y pre-histórico, simulacro de inmolaciones y sacrificios colectivos, de sangres imaginariamente derramadas, y de batallas que nunca existieron ni jamás existirán.
Quiénes, ajenos a la locura miran el ominoso espectáculo, son los mismos que saben que la farsa deberá alguna vez –quizás muy pronto- terminar. Y, como humanos que son, sólo desean que, Dios mediante, eso no termine tan mal como todo indica que así ha de suceder.
El Dictador
“Pero, ¡oh! ¡Dios mío! ¿Qué ocurre? Cómo llamar ese vicio tan horrible? ¿Acaso no es vergonzoso ver a tantas personas, no tan sólo obedecer sino arrastrarse? No son gobernados sino tiranizados (....) Soportar saqueos, asaltos y crueldades, no de un ejército, no de una horda descontrolada de bárbaros (....) sino únicamente de uno solo. No de un Hércules o de un Sansón sino de un único hombrecillo que ni siquiera ha husmeado una sola vez los campos de batalla”
(Étienne de la Boétie “Sobre la Servidumbre Voluntaria”. 1553)
La ausencia de democracia no siempre es una dictadura. Podemos decir por ejemplo, que hay naciones que son más democráticas que otras sin que las que son menos democráticas dejen de serlo. La ausencia de democracia puede ser también el desgobierno o la anarquía. La dictadura en cambio, a diferencias de la anarquía, es una forma de gobierno que por definición niega a la democracia.
Si la dictadura es una forma de gobierno que niega a la democracia, podemos afirmar que en toda democracia, aún en la más perfecta, existe la posibilidad de su negación. Conclusión pesimista que lleva necesariamente a una optimista, a saber: que en toda dictadura existe también la posibilidad de su negación: la posibilidad democrática.
Sin embargo, no todas las dictaduras han surgido como negación de la democracia. En ese sentido hay que diferenciar entre las llamadas dictaduras de origen -que son las que emergen de situaciones no democráticas- y las dictaduras de ocasión -que son las que han surgido del quiebre de una democracia-. Los gobiernos que siguieron al hecho independista latinoamericano fueron, por ejemplo, dictaduras de origen. En cierto modo se acercaban a la noción romana original de “dictatura” que definía a la institución o persona encargada de dictar leyes donde no las había. Las dictaduras de ocasión –independientemente a cuanto dure esa ocasión- son las que imperan en nuestros tiempos, tiempos caracterizados por la hegemonía de la idea de la democracia por sobre la de la dictadura. En ese punto no hay duda: la “invención democrática” (Claude Lefort) ha sido hecha suya -ya sea como realidad, ya sea como ideal- por la mayoría de las naciones de la tierra.
La democracia avanza sobre el planeta, pero de modo zigzagueante, hecho que ha creado un consenso internacional que más o menos dice así: las dictaduras pueden ser transitoriamente soportadas pero no aceptadas. Razón que explica por qué ningún dictador contemporáneo se designa a sí mismo como dictador. Todas las dictaduras de la tierra, en una tierra cada vez más democrática, quieren aparecer vestidas con ropa democrática. Más aún: quieren ser reconocidas como democráticas e, incluso, como una forma superior de democracia.
Las dictaduras emergen allí donde no hay, o dónde se quiebran las democracias. Las democracias, a su vez, pueden ser caracterizadas como formas de gobierno que resultan de elecciones libres y secretas a las que concurren partidos políticos, formas erigidas sobre la base del respeto a la constitución, a los derechos humanos y a la independencia de los poderes públicos. La democracia es, por lo tanto, una forma política y no social de organización.
La dictadura como forma de gobierno opuesta a la democracia supone la negación de las elecciones libres y secretas, la interdicción de los partidos políticos, la subordinación de la constitución a la voluntad del dictador, la violación sistemática de los derechos humanos, y la negación radical de la división de los poderes públicos. A esas características hay que agregar otras dos: su estructura militar y militarista y el ejercicio personal y personalista del poder: no hay dictadura sin un dictador.
Naturalmente, no todas esas condiciones se dan en cada dictadura. Cuando se dan todas, hablamos de dictaduras totales. Pero en la mayoría de los casos las dictaduras de nuestro tiempo no son totales (como sí son las de Corea del Norte, Cuba o Sudán), sino parciales. Si fueran totales, la lucha nacional en contra de las dictaduras sería casi imposible y ellas sólo podrán ser derribadas, como ocurrió con la dictadura nazi, por medio de la acción de fuerzas externas. Sin embargo, el ideal supremo de todo dictador es alcanzar el estadio de la dictadura total. El avance de las fuerzas democráticas a nivel mundial, la estandarización de los modos republicanos de comunicación política y la llamada globalización, que no sólo es económica sino también política y cultural, son razones que inciden en la formación de dictaduras parciales. De más está decir que uno de los objetivos más elementales de toda oposición antidictatorial es impedir que una dictadura parcial se convierta en total. Ese es, por lo demás, el punto de partida de toda lucha antidictatorial.
Las dictaduras, y no sólo las de nuestros días, se sirven de algunas formas democráticas, hecho que utilizan los dictadores para legitimar su poder, sobre todo hacia el exterior. En algunos casos toleran la emergencia de sectores opositores a los que, cuando ya no pueden eliminar, los acosan para encerrarlos en cercos que no deben traspasar. Es el caso, por ejemplo de la dictadura de Zimbawe, o también, de la iraní y de la Bielorusa En otros casos, toleran ciertos espacios de prensa libre a la que someten a constantes presiones, extorsiones y amenazas.
Hay, por supuesto, distintos tipos de dictadura y los textos de teoría política son muy pródigos en clasificaciones. Dichos textos nos hablan de dictaduras cesaristas, bonapartistas, populistas, sultanistas, fascistas, comunistas, etc. No obstante, más allá de tipologías académicas, interesa constatar aquí que toda dictadura está caracterizada por tres rasgos fundamentales: la existencia de un dictador, la concentración de los poderes públicos en la persona del dictador, y la militarización del poder político. Eso lleva a concluir que toda dictadura, más allá de las formas que las caracterizan y de los hechos que las originaron, no puede prescindir de esos tres rasgos fundamentales.
Llamará quizás la atención que entre los rasgos fundamentales de cada dictadura no aparezca el tema de la supresión de las elecciones. No se trata, sin embargo, de una omisión. Hay en efecto, dictaduras electorales, y en nuestro tiempo, las hay de modo creciente.
Las dictaduras antielectorales resultan casi siempre de golpes de estados o de tomas violentas del poder estatal. Fue el caso de Franco, de Sadam Hussein, de los Castro, entre otras. Hay sin embargo dictaduras que provienen de elecciones. El caso más conocido fue el de la dictadura de Hitler. Fue el mismo Hitler quien inició una costumbre dictatorial que ha hecho escuela: la de legitimar su poder mediante plebiscitos. En nuestros días, tanto Lucashenko como Mugabe recurren al mismo expediente. Milosovic en Serbia también hacía elecciones. En Irán hay elecciones regulares, aunque el poder central lo ocupan las castas sacerdotales. Pinochet y los dictadores militares uruguayos intentaban consolidar su poder mediante plebiscitos.
Muchos dictadores no sólo recurren a las elecciones. Además, abusan de ellas. Hay incluso regímenes dictatoriales donde hay más elecciones que en regímenes democráticos. En este sentido puede decirse que algunos dictadores han comprendido que mediante la perversión del sistema electoral pueden tener lugar avances más expeditos hacia el poder que mediante su supresión. Ello implica por cierto, correr el riesgo de perder alguna vez. Hay por supuesto dictadores que no quieren arriesgar nada.
Fue, por ejemplo, muy conocida la receta de Francisco Franco para mantenerse largo tiempo en el poder: “no hay que meterse en política”- dijo. La receta la siguió a pies juntillas ese hijo de gallego que fue Fidel Castro. Ambos suprimieron radicalmente a la política, incluyendo a las elecciones.
En nuestro tiempo, en cambio, ha aumentado el número de dictadores que no suprimen algunas prácticas políticas, incluyendo a la más política de todas, que son las elecciones. Pero sí convierten, o intentan convertir a las elecciones en un medio de acumulación de poder. Lo que ellos llevan a cabo, y sistemáticamente, es un envilecimiento de los procesos electorales.
El envilecimiento de las elecciones no resulta siempre de la falsificación de los escrutinios, aunque hay que contar que bajo gobiernos militares lo más probable es que existan esas falsificaciones.
Por lo demás, el dictador es muy generoso con quienes lo apoyan. Tal generosidad se extiende en periodos electorales hacia los sectores más pobres de la población. En esos momentos el dictador se vuelve extremadamente dadivoso. Entonces aparecen los obsequios, los aumentos de sueldo, las donaciones, las neveras, los aparatos televisores, los aguinaldos, etc. Por cierto, hay gobiernos democráticos que suelen usar métodos parecidos, pero jamás con la descarada amplitud que ostentan los dictadores electoralistas de nuestro tiempo.
Por último, si todo eso no bastara, todavía queda la alternativa de la intimidación.
En periodos electorales los dictadores se vuelven extremadamente agresivos con quienes osan adversarlos. Las amenazas, los insultos, las extorsiones, se convierten en el pan de cada día. Durante esos periodos, aparecen por todos lados supuestas conspiraciones (todas ficticias, por supuesto), intentos de magnicidios (cuyos gestores nunca aparecen por ningún lado), amenazas de invasiones de países extranjeros, peligros de guerra con naciones vecinas. Las calles se llenan de comandos y piquetes pro-dictatoriales.

No hay que olvidar que casi todos los dictadores son militares, y cuando realizan elecciones las ven como campos de batalla en donde es necesario vencer recurriendo a todos los medios posibles. Así se explica cómo los dictadores más audaces logran revertir encuestas y resultados. Muchas veces ni siquiera requieren falsificar escrutinios. Las elecciones mismas son, bajo esas circunstancias, una falsificación. La democracia, que vive de las elecciones, se convierte así en un simulacro de sí misma. Tiene lugar, mediante el forzamiento de elecciones, muchas veces innecesarias, una degradación paulatina de la vida ciudadana. Algunos opositores terminan dudando de la vía electoral, sin tener otra que recorrer. Un sentimiento de apatía y frustración se apodera de las conciencias políticas. Si eso ocurre, el dictador ha logrado un objetivo adicional: destruir por medios políticos los cimientos morales de una nación. La democracia se convierte, bajo esas condiciones, en el escenario de una serie de rituales destinados a cementar la autoridad del dictador. Los opositores esclarecidos, sin embargo, se esforzarán en mantener vivo el ideal democrático pues saben que toda dictadura tiene plazos históricos. Y, además saben que más temprano que tarde, los medios políticos de los que usa y abusa la dictadura, se volverán en contra del propio dictador. Así ha ocurrido en muchos países. Importante en este caso es no caer en la trampa del dictador. En efecto: el dictador intenta convencer a todo el mundo que la suya no es dictadura ya que realiza elecciones. Pero la democracia –eso lo sabemos todos- es algo mucho más profundo que la realización periódica y ritual de elecciones.
La democracia, además de una forma de gobierno, es un modo de vida, y como tal, hay que realizarlo día a día, resistiendo a todo aquello que atenta en contra de la libertad humana. Sólo a partir de esa resistencia cotidiana será alguna vez posible vencer al tirano en su propio terreno: el electoral. Así ha ocurrido al menos en algunos países sudamericanos. Un ciudadano político no debe renunciar jamás a las elecciones, por más prostituidas que ellas se encuentren. Pero tampoco debe seguir el ejemplo del dictador e imaginar que la única actividad política posible es votar cada vez que al dictador se le ocurra.
No obstante, tampoco hay que olvidar que independientemente a los medios que utilizan para vencer en las elecciones y plebiscitos, la mayoría de los dictadores han sido gobernantes populares. En verdad, no hay ninguna razón que lleve a pensar que el ser humano es por naturaleza democrático. Mucho menos debemos pensar que siempre la libertad es el bien más preciado por las grandes mayorías. No hay dictador, en efecto, que no haya contado alguna vez con grandes bases de apoyo, incluyendo el de los sectores más empobrecidos. Eso significa que si bien no hay dictaduras que no sean militares, ninguna se sustenta sólo sobre bayonetas. Particularmente en América Latina, la combinación entre militarismo y populismo ha sido muy productiva para las dictaduras. Incluso muchos dictadores han sido grandes tribunos de masas.
La condición política no es natural sino adquirida. Llegar a ser ciudadano autónomo implica someterse a un largo proceso de aprendizaje. Vivir en una democracia no es por lo tanto fácil ya que implica aceptar posiciones contrarias y convivir con ellas; nos gusten o no. Conocer los límites que separan el mundo privado del político, tampoco es fácil. A muchos resulta más cómodo delegar su responsabilidad ciudadana que asumirla. Hay incluso quienes no soportan la posibilidad de ser libres, y la política se convierte para ellos en un espacio de regresión a las etapas más infantiles, cuando había siempre alguien que decidía por nosotros. Los dictadores, no sé cómo y por qué, tienen ese sexto sentido que les permite captar las debilidades humanas y, lo que es peor: abusar de ellas.
Existe, como escribió en 1553 Étienne de la Boétie (“Sobre la Servidumbre Voluntaria”) una tendencia casi natural a la “servidumbre”. La idea fue retomada por Hegel, quien descubrió que los impulsos que llevan al siervo a subordinarse a su amo no están basados en la pura violencia. Freud, a su vez, descubrió que en cada ser humano existen tendencias que lo llevan, en un sentido individual, a regresar a la infancia perdida, y en un sentido colectivo, a la barbarie, al salvajismo y a la horda, o como diría Elías Canetti: hacia el “magma originario”. Asumir la condición política presupone, en todo caso, haber dejado atrás la etapa de la barbarie. Noción profundamente helénica que retomó en el siglo XlX Domingo Faustino Sarmiento en su siempre incomprendido libro “Civilización y Barbarie”. En esa obra Sarmiento no identificaba a la barbarie con “los pobres”, como dicen sus malos críticos, sino a las masas apolíticas que seguían a caudillos militares, como al sangriento dictador Juan Manuel de Rosas.
En ese contexto, Sarmiento recurría a la noción griega de barbarie. Eso significa que la barbarie aludía, según los griegos, a aquellos sectores que, viviendo en un mundo político, no habían alcanzado la condición política. En ese sentido es posible ser millonario y bárbaro a la vez, pues la condición política no tiene nada que ver con la condición social. Dicho a la inversa: se puede ser muy pobre y asumir derechos y obligaciones ciudadanas con integridad y decencia. Luego, la barbarie no está en el pueblo dado que el pueblo es una noción política. La barbarie aparece cuando el pueblo es convertido en populacho, el populacho es convertido en masa y la masa es convertida en tropa. No sin razón, el primer presidente populista chileno, Arturo Alessandri, se dirigía a sus seguidores con el calificativo de “mi querida chusma”. La “chusma” es a su vez el término que usó Hannah Arednt (Mob) para referirse a aquellos sectores sociales que se convirtieron en masa electoral del totalitarismo fascista.
Ahora bien, dentro de las múltiples contradicciones que asolan a América Latina, la de “civilización y barbarie” no es una de las menos importantes. En condición bárbara viven por ejemplo amplios sectores que si bien pueden estar integrados social y económicamente en la modernidad, no lo están políticamente. Para la gran mayoría de ellos, incluyendo a ciertos intelectuales, la política se reduce a una pura “cuestión” social. La lucha por las libertades les es completamente ajena, e incluso, les resulta superflua. En algunos países islámicos, que no son por cierto los más democráticos de la tierra, el concepto de “libertad” ni siquiera existe en el vocabulario político. Ese concepto es -como captó muy bien Bernard Lewis- reemplazado por el de “justicia”. Lo mismo ocurre en diversas zonas latinoamericanas. No fue casualidad que en el país de Sarmiento, el partido peronista no se hubiera llamado “partido demócrata”, o “socialista”, o “nacionalista”, sino que “partido justicialista”. Como es fácil deducir, la “justicia” alude a un tema social, pero no político. La política, en cambio, pone su centro en la lucha por la libertad. Más aún: desde el punto de vista político, no puede haber justicia sin libertad. El ideal de la barbarie política en cambio, no es la democracia sino la justicia social. El presidente, para los bárbaros sociales, no es un mandatario sino un “mandamás”, un caudillo, un “hombre fuerte”, en fin: “un justiciero”. Y casi siempre: un militar.
La barbarie dictatorial presupone la desarticulación de las asociaciones horizontales que marcan el espacio social de una nación incluyendo en ellas, las de “clase”. No deja de ser sintomático que todas las dictaduras, tanto las que se dicen de derecha, como de izquierda, atacan con saña a las organizaciones obreras, sobre todo a los sindicatos independientes. Las que se dicen de derecha proscriben a los sindicatos. Las que se dicen de izquierda los suprimen, estatizándolos, y por si fuera poco, en nombre del socialismo.
En muchas ocasiones, el dilema civilización- barbarie asume la forma de contradicción entre las ciudades y el campo. Pero –cuidado- no es lo mismo. Hay países en donde el mundo agrario se ha incorporado de lleno a los procesos modernizadores, y los campesinos se organizan en sindicatos independientes. Hay otros países en cambio, en donde prevalecen condiciones decimonónicas. En tales países, los dictadores, y quienes quieren serlo -como es el caso de Ollanta Humala en Perú- obtienen gran parte de su apoyo social en las regiones rurales culturalmente más atrasadas, regiones en donde todavía imperan relaciones patronales y caudillescas. Para las masas agrarias de muchos países, el Presidente es la reencarnación de “Buen Patrón” o, como llamaron a Trujillo: un gran “Benefactor”. No obstante, hay que consignar que la condición ciudadana no es demográfica. Hay muchos habitantes de las ciudades que tampoco asumen una condición ciudadana. Son los bárbaros urbanos. Si no existieran, ni en el campo ni en la ciudad habría dictadores. Porque, a fin de cuentas, la dictadura es la barbarie hecha poder: el fin de la polis: el lugar donde desaparece la polí-tica y aparece la poli-cía.
Así como según Hannah Arendt el totalitarismo europeo, en sus dos formas principales, la comunista y la fascista, surgió de la, por ella llamada, alianza entre “la chusma” y determinadas elites, las dictaduras latinoamericanas han emergido de la alianza entre masas culturalmente desintegradas y fracciones militares. A la cabeza de esa alianza se encuentra el dictador. Eso significa que el dictador latinoamericano casi nunca ha sido un personaje socialmente aislado. Por el contrario: bajo determinadas condiciones, la barbarie puede llegar a ser mayoría nacional.
El dictador suele dominar muy bien el idioma de la barbarie puesto que tanto por su condición cultural como por su condición militar es, el mismo, un bárbaro. Así se explica que el proyecto de cada dictador es destruir las relaciones políticas que reglan la vida de cada nación, imponiendo su cultura, que no es otra que la militar. El ideal de cada dictador no es la vida política sino la vida cuartelera. La sociedad es para él un gran cuartel y el dictador imagina ser su Gran Comandante. Así se explica que su lenguaje sea siempre militarista. Su proyecto final, que es el de militarizar a la nación, comienza con la militarización de sus propias huestes, y eso pasa por la conversión de las masas en tropas. La tropa más que la masa corresponde con el ideal del cuartelero convertido en dictador.
Del mismo modo como la tropa militar, la tropa social de los dictadores no debe ser deliberativa. Por el contrario: la llamadas masas son integradas de modo vertical al Estado. No hay dictadura que no haya estatizado a los movimientos sociales que las apoyan. Dichas masas no deben pensar: sólo actuar. Las órdenes les vienen siempre de las más altas cúpulas, y en la más alta se encuentra el dictador rodeado de familiares y amigos íntimos. Es por eso que la mayoría de los dictadores intentan organizar a las masas en un partido único, permitiéndose en algunos casos la existencia de pequeños satélites que giran en torno a la maquina partidaria estatal.
Pero el partido único no es un partido en el sentido político del término. Partido viene de “parte”, y el partido único del dictador no es parte de nada puesto que su destino es representar al todo. El todo es, por supuesto, el dictador. A diferencia de los partidos políticos democráticos que giran en torno al Estado, el partido dictatorial es organizado desde el Estado. En su primera fase es un partido constituido por empleados públicos y militares. En una segunda fase, el partido integra y succiona a las organizaciones de masas, dándoles un carácter para-estatal. En una tercera fase, el partido dictatorial organiza a las masas como si fueran tropas, y en un sentido estrictamente militar. Esa es la razón por la cual el dictador tiene especial cuidado de que los cuadros dirigentes no sean políticos sino militares, o personas de extracción militar. Comandos, batallones, pelotones, son los nombres que designan a las diferentes unidades partidarias de masas.
La masa, el partido y el dictador, se confunden así en una nada de santísima, pero sí, diabólica trinidad. El Partido es el espíritu maligno que une a la masa con el dictador quien a la vez habla en nombre de la masa, del partido, y por supuesto, de sí mismo. A la vez ese “sí mismo” es el Estado: el Estado del dictador, quien a la vez se encuentra por sobre el Estado, y por cierto, por sobre la Constitución. Si por alguna razón la Constitución no concuerda con la voz del dictador, la Constitución, aunque haya sido procreada por el propio dictador, será modificada, y si no, violada. No hay dictador que no haya establecido una relación incestuosa con su propia Constitución. Al fin y al cabo, durante el periodo de un estado excepción, la Constitución es suspendida. ¿Y qué es una dictadura si no un estado de excepción permanente? (valga la paradoja). Más aún: es la nación en estado de sitio: la nación sitiada por su propio Estado.
No es hecho casual que si bien los dictadores fundan un partido para realizar sus deseos personales, mantengan un discurso en contra de los partidos. En realidad, no hay nada más fácil y cómodo que criticar a los partidos políticos. Por una parte, al ser públicos, sus militantes y dirigentes están expuestos a la observación cotidiana. Por otra parte, por el sólo hecho de existir, los partidos se convierten en el blanco preferido de las críticas públicas. En periodos de crisis, asoma muy fuerte la crítica a la corrupción, la que, por cierto, es más visible en los partidos políticos que en otras instituciones públicas.
Desde luego, hay profesionales políticos corruptos. Pero no hay más ni menos que en otras profesiones, incluyendo la militar. Ahora, sobre la base de la crítica a los partidos, han surgido todas las dictaduras desde que hay partidos. El antipartidismo es la ideología originaria de cada dictadura.
Tanto Castro como Pinochet -los dictadores latinoamericanos más emblemáticos del siglo XX- intentaron legitimar, y con éxito, sus presencias ilegítimas en el poder, sobre la base de la crítica a los partidos. Aquello que resulta inexplicable es que en diversas ocasiones la crítica a los partidos es compartida por sectores antidictatoriales, olvidando sus representantes que fue esa crítica la que ayudó a llevar a los dictadores al poder. Más allá del hecho de que no hay democracia sin partidos políticos, los partidos políticos están llamados a cumplir funciones insustituibles, aún bajo una dictadura.
La destrucción de la política comienza donde aparece su militarización. La militarización a su vez emerge cuando aparece un enemigo que supuestamente amenaza la integridad de la nación. Ese es el momento en que la política retrocede y da lugar al estado de guerra que es, casi por definición, excepcional. Luego la dictadura no es sólo militar sino, por lo mismo, es bélica. En cierto modo toda dictadura es una declaración de guerra del Estado a la nación políticamente constituida. No obstante, eso no lo puede decir públicamente ningún dictador. De ahí que el dictador legitime su dictadura como el resultado de una misión histórica que sólo él y nadie más que él puede cumplir.
La misión a cumplir es la lucha en contra de un gran enemigo “histórico”. Más, no se trata de cualquier enemigo. El enemigo del dictador ha de ser un enemigo omnipresente que mientras más omnipresente sea, más necesaria será la dictadura.
Por cierto, en la lucha política también hay enemigos. Pero los enemigos políticos, a diferencia de los enemigos del dictador, son enemigos reales, visibles, tangibles. El enemigo de la dictadura, en cambio, debe ser un enemigo meta-real y meta-histórico y por cierto, imposible de ser vencido en cortos plazos. El enemigo debe existir ojalá para siempre. Así, la dictadura se perpetuará en el cumplimiento de su histórica misión. Para Pinochet, por ejemplo, el enemigo meta-histórico era el socialismo. La misión que debía cumplir sobre la tierra era la erradicación del socialismo y por cierto, de sus ideólogos, los llamados marxistas. Pero los marxistas para Pinochet no sólo eran los marxistas. Además eran todos los que alguna vez se pronunciaban en contra de su dictadura. En un momento dado, marxistas eran para Pinochet las monjas y el Papa, los partidos de centro y el propio presidente Carter. Lo mismo sucedió con Fidel Castro, aunque en un sentido inverso. La misión histórica de Castro fue definida por el mismo: luchar en contra del capitalismo y sus máximos representantes: los EE UU. Como obviamente nunca Cuba logrará derrotar al capitalismo mundial, a pesar de la gran cantidad de vidas cubanas inmoladas en tan absurda misión, la necesidad histórica de la dictadura puede proyectarse hasta el infinito.
Hoy han aparecido nuevas dictaduras militares en el planeta. Todas quieren cumplir una gran misión. La misión histórica que se han auto asignado muchas de ellas es la de derrotar al “imperio”, construcción ideológica muy adecuada para legitimar la existencia de la dictadura y que, además, sirve para todo. Sobre todo sirve para liquidar a sus enemigos internos, los que son presentados como agentes del exterior, vendepatrias, lacayos del imperio y otras exquisiteces parecidas.
Es importante, por lo tanto, no confundir a las dictaduras con sus ideologías. En ese sentido hay que tener en cuenta que lo que más interesa a cada dictador es conservar y aumentar su poder y en el cumplimiento de ese objetivo, cualquiera ideología, hasta la más estrambótica, puede ser utilizada. Por cierto, la lucha política es y será siempre lucha por el poder. En ese punto todos los filósofos políticos -desde Hobbes y Maquiavelo, hasta Weber, Schmitt y Arendt- están de acuerdo. Pero, a diferencias de la lucha política en donde el poder es un medio para la realización de un objetivo, bajo una dictadura el poder es un objetivo ante el cual han de ser subordinados todos los medios. Las ideologías de las dictaduras son también medios subordinados a aquel objetivo casi animal que se trazan todos los dictadores de la tierra: el poder por el poder y nada más que por el poder.
Luego es ocioso tratar de polemizar ideológicamente con una dictadura y sus representantes, trampa en la que tienden a caer con frecuencia los intelectuales democráticos. Por lo demás, quienes menos toman en serio sus ideologías son los propios dictadores. Los dictadores sólo se sirven de las ideologías cuando son funcionales al poder y jamás pondrán el poder al servicio de una ideología. Las dictaduras comunistas se designaban por ejemplo, como marxistas, y las anticomunistas, como cristianas. Pero el marxismo de las dictaduras comunistas tenía tanto que ver con Marx como el cristianismo de Franco y Pinochet con Cristo. El marxismo, las religiones, las ideas en general, han sido convertidas por las dictaduras en ideologías ocasionales al servicio de sus objetivos de poder. En gran medida los dictadores son grandes ladrones de ideologías. Sobre todo las dictaduras fascistas y fascistoides han sido expertas en prácticas ideológicas latrocinias. Hitler, por ejemplo, robaba de todas partes: del socialismo, del nacionalismo, de la filosofía clásica alemana, de la biología darwinista, etc. Los dictadores latinoamericanos, desde Perón hacia adelante, han seguido el mismo ejemplo. Ha habido algunos que son capaces de citar a Gramsci, Trotsky y Jesús en una sola frase.
Tampoco hay, por lo tanto –y éste es un punto que conviene dejar muy en claro- dictaduras de derecha o de izquierda. Denominar como de izquierda o de derecha a una dictadura es de por sí un absurdo, sobre todo si consideramos que tanto izquierda como derecha son nociones que sólo adquieren lógica y sentido en el marco de una práctica parlamentaria y democrática, donde izquierda, centro y derecha disputan entre sí, pero a la vez comparten el mismo espacio político. Hay sí, dictadores que roban ideas de izquierda e ideas de derecha, pero quien confunde el sentido de una dictadura con lo que una dictadura piensa de sí misma, no entiende nada de dictaduras.
Izquierda y derecha son conceptos democráticos y sobre todo políticos. Una dictadura, en cambio, se erige sobre la destrucción de la política.
Aunque no sean los partidos las organizaciones que lleven al derribamiento de las dictaduras (generalmente no lo son), sí serán las organizaciones que se encargarán de negociar con las disidencias internas de la dictadura, las que tarde o temprano aparecerán. Además, los partidos son las organizaciones más adecuadas para hacerse cargo de los complejos periodos que llevan al tránsito de la dictadura a la democracia. Por último, son los partidos las instituciones que deben abrir un flanco para que en la política post-dictatorial, el partido que representó a la dictadura pueda seguir existiendo, no ya como partido-estado, sino como un simple partido parlamentario; uno más entre otros. Porque la otra alternativa es perseguirlos y prohibirlos. Pero estamos hablando de una democracia; no de otra dictadura. Y la democracia es para todos: incluyendo a sus enemigos. Por eso el dictador impugna a los partidos o, como decía Pinochet: “a los señores políticos”. La explicación es obvia: los partidos representan la posibilidad de una transición: un mañana democrático. Ese “mañana” es lo que más teme el dictador. Y tiene razón: ese “mañana” será el día de su muerte política.
Así se entiende el odio que sienten todos los dictadores frente a la política. Por eso intentan destruirla. Y a veces –ay- lo logran.
Como la política es simbólica, la destrucción de la política debe ser realizada mediante la destrucción de sus símbolos. Y el símbolo de todo símbolo es el lenguaje. Así se explica por qué todos los dictadores sin excepción, se esfuerzan en destruir el lenguaje político. No es cosa de azar que la mayoría de los dictadores utilicen un lenguaje soez, cargado de odios y agravios, en fin, de barbarismos. Tarea que no les cuesta mucho esfuerzo pues en la gran mayoría de los casos son los dictadores personas sin mucha educación. Además, se muestran orgullosos de no tenerla. En general los dictadores son personajes groseros e ignorantes. De los dictadores latinoamericanos Fidel Castro es quizás el único que ha pasado por una universidad. Si de ahí algo aprendió, aparte de disparar, no estoy muy seguro.
A través del empleo de un lenguaje antipolítico, el dictador imagina que él habla como habla el pueblo, lo que no es tan cierto. La mayoría de los miembros de los sectores populares, sobre todo los obreros, tienen un buen uso del lenguaje pues saben que sólo a través del lenguaje pueden articular sus intereses sociales. El lenguaje violento del dictador corresponde más bien con el que utiliza el hampa, las mafias y los delincuentes. No es la suya palabra de los pobres, sino que la de sectores socialmente desintegrados entre quienes se impone la ley del más fuerte. Y el más fuerte en esos submundos es siempre el más astuto y el más brutal.
No obstante, la destrucción de la política por medio de la destrucción del lenguaje político, cumple una función objetiva que el dictador –animal de poder- capta muy bien. Mediante el insulto y el agravio, se borran los límites entre los enemigos y los adversarios, distinción que es consustancial a toda práctica política.
El arte de la política consiste en convertir a los enemigos en adversarios. El arte del dictador consiste en convertir a los adversarios en enemigos.
Ya que la dictadura es una institución bélica, no hay lugar para los adversarios políticos. De este modo el dictador traza una línea horizontal a lo largo de la nación: “quienes no están conmigo, son mis enemigos”. Así se explica por qué el dictador trata a todos sus adversarios como enemigos de guerra a los que hay que enjuiciar y si los medios se tienen: ajusticiar. Suele ocurrir que amenacen, persigan, torturen y hasta asesinen a los políticos más democráticos, y no a los más radicales, lo que no debe extrañar porque la democracia y no el radicalismo político es la realidad que más amenaza a las dictaduras. Muchas veces, en su locura antidemocrática, los dictadores terminan convirtiendo a los líderes perseguidos, encarcelados y asesinados, en símbolos de la resistencia política nacional. Así ocurrió con el asesinado Padre Jerzy Popiluschko en la Polonia comunista. Así ocurrió con el asesinato de Benigno Aquino durante la dictadura de Ferdinand Marcos en Filipinas. Así ocurrió con el encarcelamiento de Hubert Matos en la Cuba de los Castro. Así ocurrió con el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en El Salvador. Así ocurrió con el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en la Nicaragua somozista. Y así ocurre hoy con Ernesto Cardenal, perseguido y acosado en la Nicaragua orteguista.
Imponiendo la lógica de la guerra interna el dictador, además, concita el apoyo irrestricto de los estamentos militares quienes ocupan gran parte de las instituciones sociales y públicas. La militarización del Estado es el paso previo a la militarización de la nación.
La lógica de la guerra es la que también impera en el partido único dictatorial. Mientras que en una sociedad política manifestar una opinión contraria al jefe de gobierno que uno apoya es lo más normal del mundo, en un orden dictatorial el hecho de disentir se convierte en causa de alta traición, así como la formación de fracciones o el seguimiento de corrientes de opinión, en un crimen. Y es obvio: en un estado de guerra, deliberar está prohibido y disentir es traicionar. Por esa razón el dictador suele ser más cruel con sus propios disidentes que con los enemigos que él intenta “pulverizar”. No extraña entonces que los sujetos más cercanos al dictador, sobre todo los llamados ministros, dan la impresión de ser verdaderos zombis, personajes sin ideas propias cuya única tarea es repetir incansablemente la última ocurrencia del dictador. Con ese tipo de gentes es imposible polemizar ya que además, viven muertos de miedo, miedo que intentan disimular con descargas de odio en contra de quienes amenazan la continuidad dictatorial. Han vendido su alma al diablo, y saben que sin el diablo sólo les espera el infierno. O la cárcel.
Destruido el lenguaje político, el dictador, conocedor instintivo del valor de los símbolos, pasará a la fase más militar de su gobierno: la de la militarización de las masas a las que convertirá, simbólicamente, en tropas de combate, las que por ser tropas, no deben pensar. Y como el dictador odia a la democracia, odia a la diversidad, pues sin diversidad no hay democracia, ni tampoco pensamiento, la masa dictatorial no puede ser, por lo tanto, masa multiforme. La masa, como toda masa, deberá ser uni-forme. Esa es la razón que explica por qué la mayoría de los dictadores uni-forman a las masas, disfrazándolas bajo un sólo color, color que puede ser verde-oliva, negro, pardo, rojo. Y, dato curioso: los dictadores de tendencias fascistas tienen una extraña predilección por las camisas.
Desde Hitler, pasando por Perón (los descamisados) hasta llegar a nuestros días, la camisa ha sido uno de los símbolos preferidos de la uniformidad. El color único es evidentemente el símbolo del pensamiento único, que a la vez es la representación del “pensamiento” del dictador. Y la uniformidad es el símbolo de la pérdida de la individualidad y de la diferencia. Encamisada la masa uniforme, la camisa, como en los manicomios, se convierte en una camisa de fuerza. Desde ese momento, la individualidad -uno de los bienes más preciados de la condición humana- es adsorbida por un colectivo puesto al servicio de la voluntad del dictador.
En la masa, sus miembros ya no se pertenecen a sí mismos. Pasan, definitivamente, a ser propiedad del dictador quien posee a la masa sin compasión ni tregua.
Vestidas las multitudes con un mismo color, creen quienes las forman que todos son iguales entre sí: ricos y pobres; negros y blancos; mujeres y hombres; flacos y gordos, todos unidos en un sólo color, que es el color de la dictadura. En el delirio que invade a las muchedumbres cuando aúllan frente al macho furioso que las domina y violenta, imaginan ser guerreros prestos a inmolarse: carne de cañón de la historia patria. En la falsa igualdad de las camisas –obsceno simulacro de una igualdad social que no existe en ninguna parte- asistimos a la capitulación del ciudadano frente a la barbarie; al de la razón frente a la locura: el triunfo glorioso del principio de la muerte por sobre el de la vida: la muerte del Eros y el triunfo de Thanatos.
De ahí que las llamadas concentraciones políticas a las que convoca el dictador, son todo, menos políticas. Habiendo sido cerrado el espacio de la política mediante la prohibición real y simbólica de la diversidad, las concentraciones de masas devienen en verdaderas ceremonias seudo-religiosas destinadas a aclamar la presencia omnímoda del dictador. El dictador aparece entonces frente a “sus” masas como si aquello que tuviera lugar fuera la llegada del Mesías en gloria y majestad.
La masa delirante se realiza frente a la presencia del dictador vociferante, al mismo tiempo que el dictador hunde su –casi siempre- gordo cuerpo en el océano uniforme de la masa. En ese momento apoteósico y delirante, la muchedumbre grita cada vez que el dictador grita. La manada regresa a su momento originario; toda palabra pierde sentido; sólo los sonidos son significantes. Y en medio del estruendo infernal de la catarsis colectiva, suele suceder que el dictador, sobre todo si se trata de un dictador electoralista, caiga en un estado de espasmódico orgasmo retórico. Ya sin límites, comienza a gritar que él es el pueblo; que el pueblo está en él, y todo se confunde en un sólo caos; la locura se apodera de las camisas uniformadas, mientras el dictador, el único, ya no habla con su voz. A través de la estridencia de su boca coprófaga, hablan los antepasados, los “padres de la patria” de quienes el dictador quiere aparecer como un enviado de ultratumba. El climax del orgasmo colectivo es alcanzado cuando el dictador, ya fuera de sí, ofrece su vida a las masas que aúllan sin ton ni son frente a ese carnaval orgiástico y pre-histórico, simulacro de inmolaciones y sacrificios colectivos, de sangres imaginariamente derramadas, y de batallas que nunca existieron ni jamás existirán.
Quiénes, ajenos a la locura miran el ominoso espectáculo, son los mismos que saben que la farsa deberá alguna vez –quizás muy pronto- terminar. Y, como humanos que son, sólo desean que, Dios mediante, eso no termine tan mal como todo indica que así ha de suceder.
Alianza PLI anuncia retiro de candidatos a diputados

Comunicado y Prensa
NOTA DE PRENSA
Alianza PLI anuncia retiro de candidatos a diputados
El coordinador general de la Alianza PLI-UNE, Eduardo Montealegre, anunció que retirarán a las personas que tengan implicaciones legales y éticas, porque concluyeron, de que no “podemos combatir la ilegalidad con otra ilegalidad“
El coordinador general de la Alianza PLI-UNE, Eduardo Montealegre, anunció este sábado en conferencia de prensa que esta alianza política retirará de la lista de candidatos a diputados a las personas que tengan implicaciones legales y éticas .
Dijo que esta decisión la tomaron luego que la Comisión Electoral de la Alianza PLI analizara y concluyeran junto a los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, de que no “podemos combatir la ilegalidad con otra ilegalidad“.
Eduardo manifestó que en la Alianza PLI se cree firmemente que se debe de construir un proyecto ético y políticamente congruente “y por tal razón hemos decidido destituir a cualquier candidato que no se mantenga con esta congruencia“ reiteró.
El alto dirigente de la Alianza PLI, informó que el calendario electoral contempla que hasta el tres de junio se pueden hacer cambios o destituciones de candidatos, de tal mera que en los próximos días estarán conversando con los diferentes miembros de la alianza, cuyos candidatos caen en esta categoría.
El coordinador de la Alianza PLI-UNE, informó por el momento hay dos casos los que no cumplen con las implicaciones legales y éticas, “pero debemos asegurarnos de que no haya otro problema“ dijo, para evitar futuras impugnaciones por parte de otras organizaciones políticas.
Expresó, “que todas las organizaciones que se han constituido en esta Alianza hemos venido luchando por la institucionalidad, por la democracia, por respetar los principios democráticos y en la Alianza hemos venido tomando decisiones con un solo objetivo restaurar la democracia, respetar la institucionalidad y derrotar al orteguismo que tanto daño le ha causado a Nicaragua“.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Ubú Norte y El Naranjo se desborda por Fabio Gadea y Edmundo Jarquín

Ubú Norte se desborda por Fabio Gadea y Edmundo Jarquín 17 de Mayo 2011

Durante esta gira la fórmula presidencial de la Alianza PLI anuncian apoyo al sector agropecuario y caminos de penetración
Bajo un inclemente sol, miles de pobladores entre campesinos y ex miembros de la resistencia nicaragüense de la remota comunidad de Ubú Norte, del municipio de Paiwas en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN), se dieron cita este martes para saludar y recibir el mensaje de esperanza de la fórmula presidencial de la Alianza PLI, Fabio Gadea Mantilla y Edmundo Jarquín.
Previo a la concentración, los aspirantes a la presidencia de la República por la Alianza PLI, realizaron a caballo, un recorrido por las calles de esta comunidad junto a los centenares de hombres y mujeres del campo que los esperaban montados.
Durante el acto, la fórmula presidencial reiteró su compromiso de apoyar el sector agropecuario en estas zonas fértiles del país, para que los pequeños y medianos productores a través de asistencia técnica, le den un valor agregado a sus productos agropecuarios.
También los caminos de penetración será una prioridad por el Gobierno de la Alianza PLI, para que los productores puedan sacar sus cosechas en menor tiempo y en mejores condiciones.
El candidato a la vicepresidencial, Edmundo Jarquín, manifestó que la tarea que le ha encomendado Fabio Gadea Mantilla, ha sido la elaboración del Plan de Gobierno, mismo que destaca el desarrollo del agro en todo el país.
En tanto, el candidato presidencial Fabio Gadea remarcó que durante su gobierno hará “una revolución de la honestidad“ para que en Nicaragua, se caben los robos en todas las instituciones del Estado como ocurre actualmente en este Gobierno como el caso más reciente en la Dirección General de Ingresos ( DGI).


Los aspirantes a la presidencia de la República por la Alianza PLI, Fabio Gadea y Edmundo Jarquín realizaron a caballo, un recorrido por las calles de esta comunidad junto a los centenares de hombres y mujeres del campo que los esperaban montados.
Managua, 16 de Mayo del año 2011
NOTA DE PRENSA
Desde El Naranjo Alianza PLI anuncia caminos y créditos rurales
· El candidato presidencial afirmó que durante su gobierno los caminos rurales “tendrán mantenimiento todo el año y todos los años, y no solo en año electoral"

Desde la lejana comunidad de El Naranjo, ubicada a 42 kilómetros al norte del municipio de Waslala en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) la fórmula presidencial de la Alianza PLI, Fabio Gadea Mantilla y Edmundo Jarquín hicieron un llamado a la población nicaragüense a no abstenerse de votar este próximo seis de noviembre en las elecciones nacionales.

El candidato presidencial de la Alianza PLI, anunció ante miles de simpatizantes al verificar in situ el mal estado de los caminos en esta zona, que durante su gobierno los caminos rurales “tendrán mantenimiento todo el año y todos los años, y no solo en año electoral".

Agregó que por años, el Fondo de Mantenimiento Vial, (FOMAV) que heredó el gobierno de Daniel Ortega lleno de dinero, “ha dormido el sueño de los justos, y solamente ahora, pensando que los campesinos son tontos, corren a llenar los hoyos" criticó.
El candidato a la Presidencia de la República por la Alianza PLI, enfatizó que el país necesita “un cambio urgente para que termine tanta robadera y corrupción” señalando el escandaloso caso de la Dirección General de Ingresos (DGI) que involucra a su ex director.

“Con ese dinero, que tiempo¡ que hubiéramos hecho la carretera que llega hasta aquí¡ (El Naranjo) y que serviría para que el hombre del campo que produce los frijoles, el arroz, y todo lo que comemos pueda sacar sus productos“, comentó Gadea Mantilla.
Por su parte el candidato a la Vicepresidencia, Edmundo Jarquín se refirió al Movimiento No Pago el cual dijo, que "es un problema real, porque muchos productores quieren pero no pueden pagar, y se ha ahuyentado el crédito y muchos productores se han quedado sin acceso al mismo".
Pero agregó que los problemas "requieren soluciones responsables, no respuestas demagógicas como las de Ortega“, por eso, expresó, esta Alianza le dará solución al problema de los No Pago, "y en el gobierno de Fabio se va, como mínimo, a duplicar el crédito agropecuario" concluyo Edmundo Jarquín.
En esta gira la fórmula presidencial de la Alianza PLI, llegó a la comunidad de El Naranjo encabezando a centenares de montados, donde recorrieron las principales calles de esta comunidad.

Este domingo, centenares de pobladores de la comunidad El Naranjo, del municipio de Waslala junto a la Fórmula presidencial de la Alianza PLI, Fabio Gadea y Edmundo Jarquín, recorrieron a caballo las principales calles de esta zona
sábado, 7 de mayo de 2011
Gadea propone subir techo de IR a 10 mil 400 córdobas

Una de las propuestas económicas hechas por el candidato presidencial de la alianza PLI-UNI, Fabio Gadea Mantilla y divulgada este sábado en la columna radial semanal de Edmundo Jarquín, su candidato a la vicepresidencia, es que el techo para pagar Impuesto sobre la Renta se corra hasta el salario de 10 mil 400 córdobas.
Actualmente, los trabajadores que ganan 6 mil 250 córdobas pagan impuestos. Con la propuesta de Gadea Mantilla se beneficiaría a 70 mil empleados públicos, unos 350 mil nicaragüenses, explica Edmundo Jarquín en su columna.
Es decir, expresa Jarquín, que con la propuesta de Fabio Gadea, “el dinero de los impuestos que la corrupción lleva a los bolsillos de unos pocos del gobierno, se quedará en el bolsillo de centenares de miles de nicaragüenses”, a propósito de las denuncias de malos usos del dinero de los impuestos hechos en la Dirección General de Ingresos, administrada por el exdirector Walter Porras.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Daniel Ortega se aferra al poder como psicopata y su talon de Aquiles.

Daniel Ortega se aferra al poder como psicopata: Por una sencilla razón: El psicópata Daniel ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, y las transforma en cosas para su propio beneficio. Una característica básica de la psicópatia de Daniel Ortega es que es un mentiroso, pero no es un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa. puede, incluso, fingir sensibilidad. Sus seguidores le creen una y otra vez, porque es muy convincente.
Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado.Y, cumplida su misión, se va. Al psicópata Daniel,en cambio, ya que está arriba, no lo sacara nadie, cueste lo que cueste: quiere estar una vez, dos veces, tres veces. No larga el poder, y mucho menos lo delega. Quizás usted recuerde a alguno así? Otra característica es la manipulación que hace de la gente. Alrededor del Cmdte Ortega dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente que,bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría. Son gente subyugada, sí, e incluso son de alto nivel intelectual.
El Lider Daniel no toma a los ciudadanos como personas con derechos: los toma como cosas. Porque El siempre trabaja para sí mismo, aunque en su discurso diga todo lo contrario. La gente es un mero instrumento. Carece de la habilidad emocional de la empatía,que es la capacidad de cualquier persona normal de ponerse en el lugar del otro. Las "cosas", para el líder politico del Poder Ciudadano con estas características, tienen que estar a su servicio: personas, dinero, la famosa caja albanisa y Cia, para comprar voluntades. Utilizan el dinero como un elemento de presión, porque usa la coerción. La pregunta del accionar psicopático típico de Daniel es: ¿Cómo doblegar la voluntad del otro? ¿Con un cargo, con un plan, con un subsidio, con un bono? ¿Cómo divido?
El clientelismo político lo utiliza de forma de cosificación, es un "yo te doy, pero vos me devolvés, venís a tal o cual acto, me respondés como yo te pido". No es un dar desinteresado ni movido por la sensibilidad de querer ayudar a quien no tiene. Es un uso de las personas para construir el propio poder. Esto es un acto psicopático, que le está quitando a la gente la capacidad de elegir. El psicópata de poder de Daniel siempre los deja sin opciones: la gente que manipula está en una desventaja económica tal que no tiene otra salida: o como y lo sigo o no lo sigo y no como. La libertad de las personas es la capacidad de tener alternativas. El líder psicópata sabe que trabajan para él y hace creer realmente que lucha por una causa superior.
Es muy difícil entrar en su cabeza. Tienen una lógica muy distinta. Sin embargo, lo
creamos o no, la bandera que utiliza Daniel siempre es suprapersonal, más allá, incluso, de este momento. Esto se ve bastante, también, en líderes religiosos psicópatas, que apelan a la salvación del más allá. Otras banderas que utiliza es la
apelación al hombre nuevo, el proyecto nacional poder popular, la liberación de los pueblos, pueblo presidente, la Nación, la patria. El psicópata Daniel siempre necesita buscar un enemigo, para aglutinar. Y, por supuesto, nunca va a decir: "Vamos a trabajar para mí". En períodos normales, sin crisis agudas se enferma, no se adapta a la tranquilidad. El necesita la crisis. Ser reconocido como salvador. En la paz, él no tiene papel. No la soporta. Por eso Daniel crea un ambiente a su medida “ vivir en crisis”
Daniel no puede cambiar. No aprende de sus errores, siempre es igual a sí mismo: la psicopatía de poder lo ciega y se cree indestructible, pero algún Talón de
Aquiles debe tener. ¿Cuál es ese punto débil? La frustración de sus planes. Esta
apostando por un proyecto, pone todo en él “Su reeleccion ilegal” no hay que dejar que se salga con la suya . Ahí, el psicópata Daniel puede desorganizarse y empieze a hacer decretos fuera de orden. Es una personalidad controladora. Por eso en el momento de la frustración puede tener actitudes absolutamente toscas, torpes. Y en este punto, la gente vera que hara lo indebido, uno detrás de otro, y empieze a quebrarse esa doblegamiento, que consiguió con su persuasión.
Que se aferra al poder y que es muy difícil sacarlo. ¿Alguna sugerencia? Bueno, hace falta un líder de los comunes, normales, o bien otro que se le contraponga. Entre muchos hay que lograr sacar al dirigente psicópata, o, al menos, reducir su poder. Otra cosa es aprender a no elegirlo. El psicópata Daniel necesita desestabilizar siempre las cosas, aquí y allá. Por eso necesita fabricar crisis. Si uno va entendiendo cómo es su mecanismo, lo puede distinguir y votar por otro líder, que puede ser muy carismático pero no psicopático. ¡qué barbaridad; cuántos psicópatas hay dando vueltas por el mundo!.
martes, 3 de mayo de 2011
Guatemala y Nicaragua
ORTEGA Y TORRES, EL MISMO CAMINO… El diario The Washington Times compara la búsqueda de la candidatura presidencial del Presidente Daniel Ortega de Nicaragua con la de Sandra Torres, la primera dama de Guatemala… “En Nicaragua y Guatemala, los principales candidatos presidenciales tienen constitucionalmente prohibido correr, y los desafíos afectan por lo menos en el espíritu de la democracia”, dice el rotativo norteamericano… Agrega que “la población de América Central, plagada por la polarización política, la pobreza, el aumento de la violencia del narcotráfico y la delincuencia organizada, así como la infraestructura ineficiente y los desastres naturales, parece cansada de la carga de la construcción de la democracia, renunciando a repetir su historia de la dictadura, la brutalidad, y caudillos”… “En Nicaragua y Guatemala, los líderes poderosos pisoteado la Constitución con el fin de ejecutar en las próximas elecciones. Aunque la situación en cada país es algo diferente, el mensaje es el mismo: los que detentan el poder tienen la capacidad de extender el poder, independientemente de la estructura legal existente creada para poner fin al ciclo de gobiernos totalitarios de la región”, asegura… Advierte que en el caso de Nicaragua se abre el camino para el retorno de las dictaduras totalitarias…
Fuente:informepastran.
martes, 26 de abril de 2011
La unidad de la Oposición
Por: Moisés Ruiz Romero
Deberíamos entender por oposición a las ideas, opiniones, posiciones y acciones que adversan los fines y objetivos del modo de gobernar de Daniel Ortega. Los patriotas demócratas, que entendemos la democracia como el respeto a las leyes divinas y humanas que permite el progreso espiritual y material de los pueblos y naciones, debemos estar claros que no pueden ser considerados (y ni siquiera llamados) oposición quienes han contribuido al plan dictatorial de Ortega, que al mejor estilo somocista, ya está acosando, persiguiendo y echando presos a los jóvenes que se atreven a mostrar su rebeldía cuando se viola flagrantemente nuestra Constitución y nuestras leyes.
No podemos, pues, unirnos con aquellos que han demostrado estar unidos con Ortega. Alemán y “su” PLC son los principales cómplices del orteguismo y Quiñónez con ALN (después de haber sido PLI, PLC, PRN, FSLN y PLN) también han sido caja de resonancia del orteguismo en la Asamblea Nacional (AN). Para muestra un botón: ¿por qué el orteguista René Núñez, que representa apenas 38 de 92 votos, ha sido por cinco años presidente de la AN? Porque ha contado con los votos del PLC y ALN.
La verdadera unidad de la oposición no pasa ni por Alemán ni por Quiñónez. La verdadera unidad de la oposición debe pasar única y exclusivamente por las conciencias de la gran mayoría de nicaragüenses que simplemente queremos trabajar dignamente y en paz y que sabemos que Daniel Ortega es capaz de pisotear nuestras leyes, como en el pasado demostró despreciar nuestros derechos al trabajo, a la libre movilización, a la propiedad, a orientar el futuro de nuestros hijos y a esperar que las autoridades nos protejan y no que nos repriman y tuerzan las leyes según su conveniencia.
En las elecciones de 1990 la boleta era de 10 casillas y no tuvimos dificultad en elegir a doña Violeta Barrios de Chamorro. En 1996 la boleta era de 24 casillas y no tuvimos dificultad en elegir a Arnoldo Alemán, antes de que se vendiera “por unos dólares más”. Ahora en 2011 no debemos tener dificultad en elegir a “Pancho Madrigal”, como la única opción para quienes, igual que Fabio Gadea Mantilla, amamos a Nicaragua. Por supuesto que confiamos en que UNE sabrá escoger a los mejores hombres y mujeres para que nos representen también en la AN.
No debemos dejarnos engañar por la propaganda orteguista que está enfilando sus baterías para ensuciar la imagen de don Fabio, como en el caso de un spot televisivo de una supuesta “Juventud por el Futuro” que pretende acusar a Gadea y a los MRS, devenidos en fervientes antiorteguistas como lo fueron antisomocistas, de ser “más de lo mismo” en vez de estar en contra de la reelección ilegal, ilegítima y repudiada por la mayoría de los nicaragüenses, de Daniel Ortega, quien sin duda representa “más de lo mismo”, por tanto es evidente que ese spot es financiado por grupos que no son de oposición.
En conclusión, la única oposición está representada por Fabio Gadea Mantilla y UNE y quienes nos adversen será por intereses personales que los convierten en agentes del orteguismo.
El autor es cirujano general
y directivo PLI-Managua.
V
Deberíamos entender por oposición a las ideas, opiniones, posiciones y acciones que adversan los fines y objetivos del modo de gobernar de Daniel Ortega. Los patriotas demócratas, que entendemos la democracia como el respeto a las leyes divinas y humanas que permite el progreso espiritual y material de los pueblos y naciones, debemos estar claros que no pueden ser considerados (y ni siquiera llamados) oposición quienes han contribuido al plan dictatorial de Ortega, que al mejor estilo somocista, ya está acosando, persiguiendo y echando presos a los jóvenes que se atreven a mostrar su rebeldía cuando se viola flagrantemente nuestra Constitución y nuestras leyes.
No podemos, pues, unirnos con aquellos que han demostrado estar unidos con Ortega. Alemán y “su” PLC son los principales cómplices del orteguismo y Quiñónez con ALN (después de haber sido PLI, PLC, PRN, FSLN y PLN) también han sido caja de resonancia del orteguismo en la Asamblea Nacional (AN). Para muestra un botón: ¿por qué el orteguista René Núñez, que representa apenas 38 de 92 votos, ha sido por cinco años presidente de la AN? Porque ha contado con los votos del PLC y ALN.
La verdadera unidad de la oposición no pasa ni por Alemán ni por Quiñónez. La verdadera unidad de la oposición debe pasar única y exclusivamente por las conciencias de la gran mayoría de nicaragüenses que simplemente queremos trabajar dignamente y en paz y que sabemos que Daniel Ortega es capaz de pisotear nuestras leyes, como en el pasado demostró despreciar nuestros derechos al trabajo, a la libre movilización, a la propiedad, a orientar el futuro de nuestros hijos y a esperar que las autoridades nos protejan y no que nos repriman y tuerzan las leyes según su conveniencia.
En las elecciones de 1990 la boleta era de 10 casillas y no tuvimos dificultad en elegir a doña Violeta Barrios de Chamorro. En 1996 la boleta era de 24 casillas y no tuvimos dificultad en elegir a Arnoldo Alemán, antes de que se vendiera “por unos dólares más”. Ahora en 2011 no debemos tener dificultad en elegir a “Pancho Madrigal”, como la única opción para quienes, igual que Fabio Gadea Mantilla, amamos a Nicaragua. Por supuesto que confiamos en que UNE sabrá escoger a los mejores hombres y mujeres para que nos representen también en la AN.
No debemos dejarnos engañar por la propaganda orteguista que está enfilando sus baterías para ensuciar la imagen de don Fabio, como en el caso de un spot televisivo de una supuesta “Juventud por el Futuro” que pretende acusar a Gadea y a los MRS, devenidos en fervientes antiorteguistas como lo fueron antisomocistas, de ser “más de lo mismo” en vez de estar en contra de la reelección ilegal, ilegítima y repudiada por la mayoría de los nicaragüenses, de Daniel Ortega, quien sin duda representa “más de lo mismo”, por tanto es evidente que ese spot es financiado por grupos que no son de oposición.
En conclusión, la única oposición está representada por Fabio Gadea Mantilla y UNE y quienes nos adversen será por intereses personales que los convierten en agentes del orteguismo.
El autor es cirujano general
y directivo PLI-Managua.
V
PLI-UNE inicia escogencia de candidatos a diputados

Según Gadea, no tienen claro porcentaje de jóvenes y mujeres
Por Ramón H. Potosme
El candidato a la presidencia de la República por la Alianza Partido Liberal Independiente, PLI, Fabio Gadea Mantilla, dijo no tener clara su posición sobre los porcentajes que deben ocupar los jóvenes y las mujeres en la lista de diputaciones de esa fuerza política.
“No tengo muy claro, pero si tenemos mujeres y jóvenes en nuestra bancada, serían caras nuevas”, dijo Gadea, en respuesta a su posición sobre los porcentajes que deben ocupar mujeres y jóvenes.
Gadea Mantilla asegura que están abocados a seleccionar candidatos que, según ellos, sean “insobornables y leales”, y que no conviertan la Asamblea Nacional en un “tiangue”. Para ello, afirmó que cada fuerza política perteneciente a la Alianza PLI, tiene una lista de candidatos que serían valoradas ayer en el inicio de las discusiones por el orden de los escaños.
Inició discusión por diputaciones
La alianza PLI-UNE deliberará hasta el 28 de abril, aunque pudiera extenderse hasta el seis de mayo, cuando culmina el período para inscripción de diputados, según el calendario electoral.
El Consejo Político de UNE está conformado por un miembro propietario y uno suplentes de cada fuerza política de la Alianza PLI, es decir, alrededor de una docena de ciudadanos. Previo a este proceso, los consejos políticos departamentales debieron haber escogido una lista de diputados correspondiente al número a elegir en cada una de las circunscripciones. Pese a ello, el orden en la boleta sería escogido por el órgano nacional.
Defienden reelección
Por su lado, el diputado Eduardo Montealegre defendió la posible reelección de miembros de su bancada pues considera que no hay ningún impedimento constitucional, y, por tanto, no puede compararse con la prohibición al presidente Daniel Ortega.
“Han hecho un buen trabajo, se han mantenido firmes, leales a las leyes y a la Constitución de este país. Para mí vale mucho más (a que si) han aprobado o promovido una Ley”, dijo Montealegre.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Al ex presidente Alemán

Mi Punto de Vista
Por: Freddy Potoy Rosales
Ex presidente Arnoldo Alemán, cada vez que habla, más se enreda y parece que sus deseos son que el presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, se mantenga en el poder, porque así ganan usted y su grupito de “políticos” oportunistas que viven del erario, aunque el pueblo de Nicaragua siga sufriendo las consecuencias.
Vea, doctor, no le he injuriado, no le tengo odio ni rencor. No tengo razones personales, políticas ni de otra índole para hacerlo. Y si es por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), como agrupación política, lo que expreso es respeto, porque es parte del engranaje de la democracia de nuestro país. Igual por el FSLN, MRS, PC, etc. Otra cosa es la grosería de quienes dirigen estas instituciones.
Usted se queja de mi artículo publicado el pasado 10 de noviembre, titulado “De alacranes y víboras rojas”, en el cual expongo que indudablemente, de seguir las cosas a como están en la oposición y, sobre todo, con la actitud soberbia de usted, además del oportunismo del grupito que lo rodea (como si fueran alacranes y víboras), el gobernante FSLN no tendrá necesidad de alterar una vez más los resultados electorales, porque los directivos del PLC le están sirviendo en bandeja el destino de este país.
Doctor, esto no es un ultraje de obra o de palabra que lesione su dignidad. No estoy perjudicando su reputación o atentando contra su propia estima; no incurro en un acto lesivo de derechos y con publicidad en un determinado ámbito social. Esto es un animus criticandi. Simplemente usted es político y sobre la base de sus actos y los de sus colaboradores en el PLC opino.
Asimismo, no engaño al lector al hablar de don Fabio Gadea como candidato de consenso y que a usted no le parece porque dice que lo impuso Eduardo Montealegre. Para eso está el diálogo como mecanismo esencial de los políticos, para entenderse y solucionar los problemas.
Mis expresiones están fundamentadas sobre sus obras. Es usted quien arenga una cosa y luego manda a sus funcionarios a hacer otras reprochables, como integrarse a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), al Consejo Supremo Electoral (CSE) y a la Contraloría General de la República (CGR), para mantener su status quo que le da el gobernante FSLN como migajas. Otra cosa: sus diputados en la Asamblea Nacional ayer decidieron que tampoco elegirán a los 25 funcionarios que deberían sustituir a los que se les vencieron sus periodos. Con esto el PLC se integra en la dinámica de reconocer y legitimar el Estado de facto al que nos somete el régimen actual, contrario a los principios que deben fundamentar a un partido denominado liberal.

Usted dice que el PLC está trabajando para ganar las elecciones, pero por lo visto quiere que el FSLN siga en el poder. Sobre las primarias, sostengo que son buenas, pero no las amañadas. Es más, celebro que hayan elegido a sus candidatos a diputados bajo este sistema en los departamentos de Rivas, Carazo y Río San Juan. Ojalá no los quite e imponga a los de su agrado.
Y, finalmente, le insto a trabajar genuinamente por la institucionalidad, el futuro de nuestra sociedad y su democracia.
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